CON LOS OJOS VENDADOS.

Lo escuché hace un par de días, y pensé que era una broma. “Debe de ser alguna operación para difamar algún que otro político” pensé. Pero no, ellos parecen ser los mejores, al momento de crearse esa mala fama, que al parecer, siempre los suele acompañar.

Ahora, los enemigos públicos número uno de las rutas argentinas no son los clásicos baches, capaces de romper cuanto amortiguador e incluso elástico se les atraviese, tampoco es la falta de señalización, lo que genera que de buenas a primeras, uno tenga que comenzar a adivinar que es lo que pasa allá, en el horizonte del camino, o la nula demarcación en el asfalto del mismo, como por ejemplo, la  de la linea divisoria de los carriles, lo cuál hace temer en cualquier momento una desgracia, cuando comienza a venir el tránsito de la mano contraria.

No, tampoco es el escaso ancho de las rutas, aunque uno sepa muy bien lo difícil que puede llegar a ser realizar un adelantamiento a los grandes rodados que ocupan la mayor parte del camino. Tampoco es la falta de ambulancias asignadas a cada ruta, que bien necesarias son, para ayudar a salvar vidas. No, nada de eso.

¿Los peajes cada vez más caros? no, aunque debamos pagarlos para poder acceder a “las ventajas” que ese dinero debe generar en el mantenimiento necesario, para gozar de la seguridad, que justamente no tenemos…

El verdadero enemigo del hombre en los caminos de nuestro país, no son aquellos que ostentan el poder, el mismo que nosotros, con cándida inocencia les dimos mediante una elección, y por intermedio del voto, para que nos puedan garantizar, entre otras cosas, el libre tránsito sobre ellos, con todas las garantías del caso, como bien lo dice nuestra Constitución Nacional, aunque las muertes y accidentes se multiplican en forma binaria cada año que pasa.

El demonio que atormenta al pueblo en los caminos argentinos, no es otro que el automóvil que tiene, de 20 años de antigüedad, en adelante . (···)

No importa si los accidentes en las rutas ocurren por la falta de capacidad al volante, de buena parte de los conductores.

No importa si los accidentes en las rutas ocurren por no respetar los límites de velocidad, por la falta del descanso apropiado, por los elevados porcentajes de alcohol en sangre, por ir hablando con el celular mientras se maneja, por no cumplir con las verificaciones técnicas  antes de emprender un viaje, por tomar las banquinas como carriles de circulación, por tener que soportar a todo el traslado de las cargas pesadas, como resultado de haber destruido en un increíble ferrocidio, a nuestros ferrocarriles…

No, no importa todo aquello, porque ahora ya sabemos dónde se encuentra el cáncer de los caminos, ya sabemos donde está la plaga que envenena a nuestras rutas. Ya encontraron a la parte mas fina del hilo, y en medio de una cálida reunión entre iguales, nuestros queridos descendientes de la Polis de la antigua Grecia, debatirán amablemente, de que manera cortarlo…

Mientras el indefenso parque automotor histórico sigue siendo desmantelado por no existir leyes que en verdad se dediquen a salvar al patrimonio rodante argentino, mientras se sigue permitiendo que nuestras unidades más preciadas abandonen descaradamente nuestro suelo, mientras a cualquier municipio le dé lo mismo llevar a la compactadora a un Ford modelo A, que a cualquier otro coche, nosotros, y no ellos, somos los que seguimos viviendo CON LOS OJOS VENDADOS.

Los espero la próxima semana en nuestro clásico lugar de encuentro. La página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.

La imagen que ilustra esta nota nos muestra uno de los tantos accidentes de tránsito acontecidos en la última temporada de verano en la ruta 2 mano a Mar del Plata.CON LOS OJOS VENDADOS

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