RAUL RIGANTI, EL HEROE DE LOS CAMINOS (PARTE 2)

El colegio La Salle, le abrió las puertas a Raulito, para que comenzara a cursar el bachillerato, y al salir de clases, pasaba por su casa, y le llevaba a pie, la bicicleta de carrera a su hermano Juan, que lo esperaba en el velódromo de Palermo para empezar a entrenar. Raulito se moría de ganas de pilotear ese bólido a pedal, pero su hermano se lo había prohibido de plano, aunque las ganas eran cada vez más grandes…

En una oportunidad en que Raulito llegó con la bicicleta al circuito unos minutos antes, y se encontró con que su hermano Juan, todavía no estaba allí,  decidió probar el bólido en el circuito.¡ Eso si que era un sueño ! Era liviana como una pluma, de cubiertas sin cámara, rápida como un rayo… Hasta que notó que su hermano Juán lo venía corriendo desesperado, para que se bajase de la bicicleta, mientras Raulito ya se imaginaba la catarata de coscorrones que le estaba por llegar.

Las cosas en el colegio iban de mal en peor, Raulito no hacía pie con las materias, estaba todo el día con la cabeza en otro lado, soñando despierto con el momento en que pudiera tener su propia bicicleta, asumiendo que ya no contaba con la aprobación de sus padres. Y al volverse evidente el fracaso escolar, ellos deciden retirarlo del colegio, llegando a cursar hasta el segundo año de la carrera de bachiller.

El mandato de sus padres era bien claro. “O se trabaja, o se estudia”. No había opción para otra cosa, mamá Angela le consigue su primer trabajo como vendedor de ropa en la famosa “Casa Dell Aqua”, ubicada en la calle Bartolomé Mitre, entre las calles Junín y Andes (llamada después José Evaristo Uriburu).

Pero el destino, mueve las fichas de nuestro dominó como se le antoja, y  Raulito  tampoco escapó a esta regla. A los dos meses de trabajo, los dueños del negocio, deciden trasladarse lejos de la ubicación del local en aquellos años. Se venía una reestructuración y los empleados que sintieran conveniente no seguir trabajando allí, por la distancia a cubrir, serían indemnizados con 200 pesos m/n, y Raulito fue uno de los que decidió no seguir trabajando en la tienda, y aunque no cobrase la totalidad de aquella suma, por tener una mínima antigüedad, logró cumplir su sueño al poder comprarse la bicicleta con la que tanto soñaba.

Por supuesto, en la casa de Raulito se armó flor de alboroto. Pero el mandato seguía en pie, y más firme que nunca. “O se trabaja, o se estudia”. Y entonces Raulito decidió largarse de lleno a lo que tanto amaba, comenzó a ir todos los días al taller de mecánica de bicicletas, motos y automóviles de Cándido Bugallo.

En su casa, comentó que había sido admitido como “aprendiz sin sueldo”, mientras se trenzaba en algunas carreras en la tercer categoría, representando al club “El Triunfo”, ganando dos competencias en circuitos improvisados de tierra, en épocas en que a los más rápidos había que frenarlos “como sea”, todo valía, hasta manotearlo de  la camiseta para que no “se escape”…

Su bicicleta no era una pura sangre. De marca “Gloria”, y procedencia inglesa, era media pesada para el caso, aunque lo llevó a todos lados a Raulito. Corre una Buenos Aires-Martinez, y otra Buenos Aires -Tigre, pero comprende que sin una verdadera disciplina, y un intenso entrenamiento, los logros importantes no llegarán, Y es así que decide dejar de correr.

Y decidido, se instala todo el día en el taller de Bugallo, no para de observar como se abren los motores, aprende mucho mirando, escuchando, y estando siempre dispuesto a dar una mano, barriendo el piso, limpiando piezas, alcanzando herramientas, haciendo mandados, cebando mate, así se empieza, (¿o no?).

Después viene el salto más grande: Vender la bicicleta, y con unos pocos pesos más, comprar la primera motocicleta. Una “bigotuda” al decir de Riganti, que le ayudaria a conseguir el mismo Bugallo, la marca de esa “máquina de coser” era “Bat”, de origen Inglés, y con ella, haría sus primeras armas en el motociclismo, y además, le serviría para ganar experiencia y ser probador de las motos que se arreglaban en el taller de Bugallo.

Ese purrete, al que le decíamos “Raulito”, desaparece en el más dulce de los recuerdos de Riganti. Ahora, es ya un muchacho, que con una enorme necesidad de aprender mecánica, y vivir entreverado con la grasa y los fierros humeantes, toma la posta en esta historia. La imagen del Raúl Riganti motociclista comienza a tomar forma.

Nicolás Lucas Barón.

Las imágenes que acompañan a esta segunda entrega, nos muestran  muestra a Raúl sobre una moto con motor en V, no sabría decirles si esta es la famosa “bigotuda” a la que se refería Raúl, como su primera moto a Raúl  , pero como ejemplo, creo que bien vale la pena; y la otra imagen, muestra Raúl Riganti, dentro del círculo blanco, posando junto a una barra de motociclistas, en épocas de su trabajo en el taller de Cándido Bugallo.RIGANTI 1 RIGANTI

Los espero a todos en nuestro clásico sitio de encuentro, la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich, para disfrutar juntos de la tercera entrega sobre la vida de Raúl Riganti, “el héroe de los caminos”.

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