RAÚL RIGANTI, EL HÉROE DE LOS CAMINOS (parte 5)

A esta altura de la biografía, quizás pocos imaginaron que Raúl Riganti llegó a ser más exitoso en dos ruedas que sobre cuatro; y de seguro,algunos no sabían siquiera, sobre su increíble historia con las motos. Pero siempre, hay un momento para aprender. Lo que sucede, es que al hablar de su carrera automovilística, sus logros en casi 25 años al volante, nos dejan sinceramente sin aliento.

Raúl Riganti, además de “barrer” con las motos en toda carrera posible, Se fué a España,  a correr en 1922, y se lanzaría a toda velocidad en aquél país,en tres oportunidades, llegando segundo dos veces, y soportando todo tipo de chantadas, como de tener, de buenas a primeras,  al  reglamento de la carrera en su contra. El mismo que lo aceptaba antes de la salida, con tál de que no ganara. O la de no poder acceder “misteriosamente”, a los repuestos necesarios para dejar a  punto su moto, o tener que correr con una musaraña, porque las Harley oficiales, ya estaban reservadas para los pilotos del equipo … Menos mal, que lo invitaba el representante oficial de Harley-Davison para toda España, y las islas Balerares…

Después de terminar la primera carrera , en la que participó también Blanco, el potro Danunzio y Vaccari, se van en moto todos juntos a recorrer España, y después, se mandan a Francia, aprovechando la movilidad y el dinero de los premios, que no son gran cosa, hasta que la plata se termina, y vuelven a Buenos Aires. Pero Raúl, se juramenta volver. No  piensa dejar que esto termine así, como si tal cosa….

Entonces, se llevó una Harley oficial al viejo continente para tener buenas chances. Se la había entregado don Luis Dartiguelongue, quien sabía largo y tendido, en eso de apoyar a los que valían la pena. Llega a Francia para correr, y el importador oficial de Harley, se niega a venderle uno de los nuevos carburadores de competición, que llegaron primero a Europa, que a nuestro país, son los que usan las motos del equipo oficial. Así y todo, sale segundo.

Mientras tanto, el dinero ganado en buena ley por sus desempeños en carrera, no son muy halagüeños que digamos, por eso, con un poco de dinero juntado, se pone a comprar y vender autos usados a los turistas argentinos en Paris, lo que se dice, un adelantado como pocos…

Y en otra oportunidad, no le venden cadenas nuevas para cambiar antes de la largada. Corre con la cadena ya usada en las pruebas de entrenamiento, puntea toda la carrera, y antes de llegar, corta la misma quedando de a pié…

En otra carrera, no le entregan el escape oficial para competición, decide correr su Harley como estaba, pidiendoles las disculpas del caso a todos los competidores. Los pilotos voicotean a “la mano negra”, que no le entrega el escape reglamentario, aceptando su inscripción. Pero antes de partir, un corredor, “sorpresivamente”, cambia de postura, y denuncia a Riganti, quien sólo puede hacer unas vueltas de prueba, él solo en la pista, a manera de consuelo, ante el público que delira por el récord de velocidad de la jornada, que él impone……

El autódromo municipal de Monza, el corazón de la velocidad de Italia, lo vio batirse mano a mano con figuras de la talla de Aquile Varzi, o el mismísimo Tazio Nuvolari entre otros. Sin lugar a dudas, pudo hacer una carrera imponente en Europa. De hecho, renuncia al ofrecimiento del equipo oficial Harley-Davison de España, para ser parte del  mismo. Las ganas de volverse antes de fin de año a Buenos Aires pueden más, y termina así ,su historia con las motos de carrera.

Atrás quedan las dos victorias alcanzadas en el “Criterium” motociclístico argentino, montañas de carreras ganadas, tanto en un equipo oficial, como por su cuenta, a él, le daba lo mismo. Los récords aplastados uno tras otro… ¡Si hasta “El Rápido” mordió su polvo ! y como broche de oro, sentir a la gloria en Europa, como algo al alcance de la mano. Su fama de corredor y velocista le valieron amigos, detractores, admiradores, y respeto por dónde pasaba y lo reconocían. Sin lugar a dudas, allá en Europa, Raúl fué un verdadero campeón “sin corona”.

Aquél año de 1923, en el cuál, Raúl prácticamente vive en Europa, vendiendo coches usados, y corriendo rueda a rueda con los mejores, tiene una sorpresa impensada para él; en Junio viaja junto a “Macoco” de Alzaga Unzué a los Estados Unidos, después de firmar en Francia, un contrato de exclusividad con la casa Bugatti, para representar  la marca a nivel oficial, en las 500 millas de Indianápolis de aquél año…

Si señores, Raúl Riganti llegó a ser corredor oficial de la casa Bugatti…

Ahora v amos a ver la tercera parte del Raúl Riganti “corredor”. Vienen los autos…

Desde sus primeras carreras de velocidad en el campèonato del kilómetro lanzado, sus tres presentaciones en la pista de ladrillos rojos de Indianápolis, su larga seguidilla de victorias para la casa Hudson, su victoria en el gran premio internaonal Virginoi F. Gregó, aquella carrera que cambiando con cada edición de nombre, unía por esos años a Chile con nuestro país, o sus logros a nivel nacional, como ganar el gran premio de 1929, el gran premio Otoño, o Rafaela, por sólo citar algúna que otra..

Su sabiduría extrema, al trabajar con una lima un simple pedazo de metal, hasta dejar un perfecto árbol de levas, el mismo que haría la diferencia dentro de su motor, para poder ganar la próxima carrera, hasta llegar a ser el poseedor del coche más veloz del continente, con aquella fantástica Masetatti 8CL de 1940, cuyo precio fué pagado con el esfuerzo desinteresado de sus admiradores, para que pueda dejarnos a todos bien parados, en cada carrera que participara fuera de nuestro suelo.

Sus eternas anécdotas con esos dos próceres del volante, Ernesto Hilario Blanco y Antonio Gaudino, quienes junto a Raúl Riganti, fueron aquellos, nuestros tres mosqueteros, que se pasaron a las filas de las cuatro ruedas, porque en materia de motos, ya no había nada más que ganar, o la creación de la dupla más ganadora de los años 20′, junto a Domingo Bucci y la casa Hudson, a la cuál representaron…

Es entendible entonces, que semejante trayectoria con los autos, sirva de sombra, como pretexto para ignorar que anteriormente, incluso logró mas victorias y fama con las motos. Nunca sabré por qué nadie se encargó de soplar la gran capa de olvido, que en forma de polvo, cubre esta etapa, la más gloriosa de su vida…

Cosa extraña, esa maldita costumbre argentina; la de olvidar a nuestras glorias, para adoptar con los ojos vendados a cualquier pobre diablo que nos quieran imponer. Ya sea por los medios, por los intereses en juego, o esta gigantesca inundación de mediocridad, en la que hace rato, estamos tratando de nadar para no hundirnos…

Probablemente se pregunten ustedes, cómo Raúl comenzó su romance con los autos. Bueno, el mismo contaba que la cosa venía así:

“Yo todavía estaba haciendo mis primeras armas con las motos, y buscando un sueldo más rendidor, que el de “ayudante y probador”, en el taller de Bugallo. Me enteré, de que en otro taller, andában pidiendo un medio oficial, no lo pensé dos veces, Bugallo me entendió, y me fui a presentar”.

“El taller estaba en Cangallo, entre Rodriiguez Peña y Montevideo. El dueño era don Schévola, y me tomaron. Allí estaba estacionado un viejo De Dión Boutón, al que nadie le daba bolilla”.

“Yo no sabía manejar coches, me moría de ganas, pero si demostraba que no sabía, no duraba ni un segundo en el nuevo trabajo; así que con la excusa de que me quedaba trabajando después de horario, y con la promesa de cerrar el local antes de irme, porque quedaba solo, le daba manivela al auto, y lo movía adelante y hacia atrás, una y otra vez, hasta agarrarle la mano a los controles”.

“Una tarde, conversando con Schévola, este me cuenta de que su novia se había enojado con él, porque no la llevaba a pasear en auto. Y lo que pasaba es que su novia hablaba hasta por los codos, y él no podía estar atento al manejo del coche y a la novia al mismo tiempo, y entonces, yo me ofrecí a hacer de “Chauffeur” de los dos con el De Dión, y ese fué mi debut manejando un coche”.

Nicolás Lucas Barón.

Las tres imágenes que acompañan esta quinta entrega, nos muestran a Raúl en andas, en la linea de largada, en una de las carreras disputadas en Europa, y en medio de los entrenamientos, con su  famoso pucho en la mano derecha , su inseparable compañero.

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Ahora, comienza la etapa de los autos, Riganti como conductor de coches “de alquiler”, la primera carrera, los nuevos retos por alcanzar… Una nueva entrega los espera a todos ustedes la próxima semana, en la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich. ¡ Los esperamos a todos !

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