RAÚL RIGANTI, EL HÉROE DE LOS CAMINOS (parte 6)

Los automóviles son el tercer y último escalón en la vida deportiva de Raul Riganti. Por supuesto, que él no comenzó corriendo, sino que sus primeras experiencias de manejo, las tuvo cumpliendo el rol de “chauffeur”, como muchos pilotos que lograron sobresalir por aquellos años. Recordemos, que aprendió lo más básico, él solo, dentro del taller con ese viejo De Dion – Bouton, que nunca pudo olvidar, y luego, ganó la calle con ese mismo auto, llevando a don Scévola y su novia de paseo.

Pero las verdaderas responsabilidades iban a llegar al poco tiempo. Un amigo de don Scévola, le comentaba a este, que lamentablemente, iba a tener que dejar “en cuarentena”, a su coche de alquiler, ya que su conductor contratado, debía someterse a una operación, y como no conocía a ningún otro chauffeur responsable….

Entonces don Scévola, el dueño del taller en donde Raúl trabajaba de medio oficial, le recomendó a su empeado, como un hombre de confianza. Así, después de trabajar en el taller, Raúl se pondría el uniforme, para pasar a ganar unos pesitos más; todo sumaba por aquellas épocas. Los primeros dias, todo anduvo bien, hasta que una noche, llevando a una pareja, esta le propuso andar un poco “mas ligero”, y Raúl, como era de esperarse, no titubeó en pisar el acelerador. Lamentablemente, por donde circulaban, no había luz de alumbrado, y un viento fuerte de trompa, apagó la luz de carburo de los faroles. ¿El resultado? como no; el coche tumbado en una zanja, ¡ y todos desparramados por el piso !

Entonces, Raúl volvió a experimentar el cumplimiento de una ley de vida, que hasta el dia de hoy, se cumple a rajatabla: “La velocidad, tarde o temprano,viene acompañada de dolores de cabeza”.

Comenzaba a correr el segundo lustro de los años 10′, y aparece un mojón muy importante en la vida deportiva de Raúl. Los viejos documentos nos aseguran, que él, fue uno de los pocos corajudos que se animó a correr un Dietrich llegado desde Francia, preparado para las “altas velocidades de la época”. Tenía una prosapia bastánte alarmante, ya que en Francia, dos pilotos de carreras, habían encontrado a la muerte, al perder el control de este armatoste espectrál. De allí, que su apodo fué el de la “Matadueños”.

Raúl recordaba: “Antes de empezar a correr con Blanco, yo venía de domar a la “Matadueños”. Era un Dietrich de 120 caballos. La trajo al país Hileret, y venía de ganarse ese apodo, porque tipo que se le prendía al volante, era candidato al velatorio”.

“Yo no le saqué el cuerpo a la oferta, y la largué arriba de los 160. Ese fué su registro en la competencia del kilómetro lanzado, que perdí por una mala salida mia. Me ganó Juan Cassoulet por un quinto de segundo. A los pocos dias, hicimos una revancha en el Hipódromo de Belgrano, y lo chupé con una comodidad increible. Fué mi desquite”.

Como por ese tiempo, Raúl era una estrella ya consagrada en el motocilcísmo, los coches de carrera ocupaban poco de su tiempo útil; esa es la razón por la cuál, no hay muchos registros de su presencia en carreras con cuatro ruedas.

Por supuesto, seguía entreverado con los autos ” rabiosos”, pero su primer participación en rutas abiertas, parece ser recién, en el Gran Premio Nacional de 1920, llevando de copiloto, nada menos que a su fiel amigo, y compañero en el equipo oficial de Harley – Davison, Ernesto Hilario Blanco, quien con su memoria de elefante, recordaba así, el desempeño de ambos, en aquél Gran Premio:

“El Gran Premio del 20′, estuvo a punto de suspenderse, porque a pocos dias de la largada, llovió muy fuerte, dejando los caminos inundados. Se pensó en suspenderlo, y  correrlo después que el camino secara, pero entre los plotos anotados, había opiniones encontradas”.

“Entonces, se decidió que todos votaríamos en la sede del A.C.A., para decidir si se largaba o no, y ganaron los que querían que se corriera”.

“Nosotros íbamos en una baquet Dodge, de ruedas altas, macanuda para el caso, y le habíamos hecho unos guardabarritos de lona, trabajando en el taller toda la noche anterior, pero al final, duraron muy poco”.

“Al primero que vimos en la zanja, fué a Escobar, el escritor teatral, el no era del “gremio”, así que a ese no le dijimos nada. ¡Pero a los otros que veíamos encajados, y que antes habían votado para que se largara! ¡Las cosas que le deciá Raúl! A veces, los dos nos poníamos a  rueda, y los insultábamos a dúo. ¡Yo creo que la madera de quebracho de los postes no era de ese color, pero quedó roja, de escucharnos se día!”

“Por Lujan era un diluvio, el agua subió por arriba del empedrado, hasta tapar el piso del coche. Como ibamos en una baquet, estábamos totalmente empapados, no teníamos nada seco”

“De Cucullú a San Andrés de Giles, había un terraplén, con unas zanjas enormes a los costados, de las cuales, por culpa del agua, sólo se podía ver la columna de dirección de algúnos coches”

“La carrera se suspendió, porque un policía nos paraba a todos, cuando queríamos pasar por el puente de San Antonio de Areco, porque la correntada, se había llevado el piso del puente,del que sólo se le veían las barandillas”.

“Y así terminó ese Gran Premio. No llegó nadie”.

Ese fué el gran debut en la carrera más importante que supimos tener por mucho tiempo, y Raúl, iba a ser un gran protagonista, manejando, y también haciendo de las suyas.

1921 lo tiene de nuevo en la linea de largada del Gran Premio con un Dodge de Fevre y Basset, y Raúl nos dice:

“Largamos, y al poco tiempo, llevábamos una ventaja cómoda, pero por Cármen de Areco, rompimos un brazo de la dirección, ¡y enfilamos para el “vacaje”! Un herrero, nos soldó la dirección, y así pudimos llegar séptimos a Rosario. Pasamos toda la noche antes de volver a largar, trabajando en la bendita dirección, para dejarla en condiciones de luchar por el primer puesto. ¡Pero otra vez la mala suerte, con su risa sorda y desdentada! Trabajamos, trabajamos, y un mecánico se olvidó de poner una tuerca. Largamos sin saberlo, y andándo arriba de los 120, me doy cuenta de que no tengo dirección, y le grito a Blanco ¡tirate de cualquier manera, que a lo mejor te salvás!, y se mandó flor de revolcón, mientras yo me aferré con todo al volante, ¡y terminé a los tumbos, yendo a parar entre los choclos !”

La moraleja, es que siempre se debe de supervisar el trabajo de otros en el coche, para evitar que pasen este tipo de cosas…

La tercera, no fué la vencida. El Gran Premio de 1922, debió ser acaso, la carrera más facil de ganar para Raúl, llevando de nuevo a Ernesto en el asiento de al lado. Su amigo Macoco se había comprado un enorme Packard de 12 cilindros en V, imponente de solo nombrarlo, y se iba a anotar para correr ese Gran Premio.

Pero a su acompañante, se le muere un ser querido, y queda de luto, imposibilitado para correr, mientras que Macoco, en un tonto percance, se lesiona una de sus muñecas, quedando impedido de manejar a la bestia. Así, que le cede su Packard, y Raúl, que de lerdo no tenía nada, se lo lleva a Blanco de paquete hasta la linea de largada. Don Ernesto nos deja con la boca abierta cada vez que empieza a recordar en voz alta:

“Estando los dos arriba del auto, yo sentía una sensación única, y a la vez extraña, imaginense: ¡ir con la vista, desde nuestros asientos, hasta el tapón del radiador y volver, podía cansar! ¡qué cochazo!”

“Nos dieron la orden de largar, y Raúl aplastó el acelerador con furia. ¡Se nos venía todo encima, los postes del telégrafo, los curiosos, todo! Raúl me grita: “Ahora si que tenemos coche”, y yo le respondí también gritando: “¡Fajálo Raúl, fajálo sin asco!” El ruido ensordecedor de aquél 12 cilindros, era realmente impresionante”.

“Entramos a Rosario, y después de firmar, nos fuimos a tomar algo para festejar el placer de correr con semejante máquina, le veníamos sacando más media hora al segundo. ¡Una barbaridad! ”

“En eso, nos buscan para entregarnos un telegrama de Macoco que decía: “Muchachos, los felicito por su desempeño en la primera etapa. ¡Mañana, fájenlo!”, y nos miramos al mismo tiempo, y nos echamos a reir, ¿Qué era lo que veníamos haciendo desde el principio?”

Pero la gloria se termina al largar la etapa de vuelta. Los neumáticos, ese fatál talón de Aquiles, de los coches de gran poder, comenzaron a reventarse a causa de recibir semejante leña. Y fué así, que uno a uno, fueron consumiendose todos los auxilios. Para colmo de males, ese rodado no se conseguía en cualquier lugar, llegando incluso, al colmo de tener que negociar un auxilio a un hombre, que con su coche estaba junto a su familia, viendo a los corredores pasar.

“Che Raúl, mirá que este repuesto que nos dió el hombre está medio reseco, y viene un pantano. ¡Frená que lo vamos a reventar!” le dijo Blanco a Raúl; y este le respondió: “Te vas a mojar.¡Agarrate!”, y no sólo se reventó como bombucha el neumático, sino que además, se rompió la rueda.

El resultado fue increible. Raúl llega a Morón en el séxto lugar, el mismo número, que cubiertas reventadas. ¡Todo un record !

El año 1923, Raúl lo consume entre algúnas carreras de motos en nuestro suelo, la gira por España, y su primera  competencia internacional con los autos. Nada menos, que en el circuíto de ladrillos rojos de Indianápolis.

Fué algo único para Raúl, el mismo decía:

” ¡Cada vez que me acuerdo, me viene la fiebre del 23! La casa Bugatti, había preparado un modelo nuevo para presentarse. la Bugatti “Indianápolis”, de 8 cilindros en linea, pero con poca polenta para el caso”.

“los corredores contratados, eramos un equipo de fútbol, once en total. ¡Hasta había un descendiente de Napoleón! Cuando estábamos por empezar a entrenar y bajaron los coches, la cosa fué como para volverse, parecían de juguete. De acá, fuimos “Macoco y yo, y después de vernos entrenar, se nos acercaron los dueños del equipo de la “Miller Special”

“El Miller era un coche creado con lo mejor que tenían allá, ¡Las lineas que tenía!, parecía que al verlo, corría solo. A último momento, ellos se habían quedado sin pilotos, y nos ofrecieron a Macoco y a mí, correr los dos coches en la carrera. Nosotros, que con sólo verlo, nos dimos cuenta de la gran diferencia, no podíamos hacer nada, porque ya teníamos un contrato firmado con Bugatti, y entonces, ellos  le ofrecieron uno a Sammy Milton, quien lo corrió. ¡Nos dejó a más de tres vueltas! y obviamente, la carrera la ganó Sammy, con el “Miller Special”. Macoco, hizo pedazos el motor, y yo, rompí el tanque de nafta”.

Nicolás Lucas Barón.

Las imágenes que acompañan esta sexta entrega, nos muestran a Raúl Riganti, a bordo de la Bugatti Indianápolis, antes de largar la edición de 1923, a la famosa “Matadueños” en acción, y con su inseparable amigo, Ernesto Hilario Blanco, a bordo del fantástico Packard, de 12 cilindros en V, que corrieran juntos en el Gran Premio Nacional de 1922. RIGANTI NOTA 6 - 2 RIGANTI NOTA 6 - 1 RIGANTI NOTA 6

La próxima entrega, la vamos a disfrutar, con el comienzo de una seguidilla de éxitos, de la mano de la casa Hudson, y sus anécdotas, para todos los gustos. Algo inseparable, en la vida de Raúl Riganti.

Los espero en la próxima entrega, en nuestro sitio de encuentro, la página web, del petit museo conservatorio edgardo omar roglich

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