RAÚL RIGANTI, EL HÉROE DE LOS CAMINOS ( PARTE 7 ) .

1924, es el año, en el cuál, Raúl Riganti, y Ernesto  Hilario Blanco, deciden comenzar a encarar, cada uno por su lado, aquella nueva etapa en sus vidas: La de ser corredores profesionales de autos; la gran amistad entre ambos,era demasiado valiosa, como para ponerla en riesgo, debido a las broncas y entreveros, surgidos en base a dos personalidades totalmente opuestas, bajo la presión de estar en carrera.

Sabemos que Raúl, supo acuñar una relación de amistad con el grán Luis Ángel Firpo; nuestro gran campeón de peso pesado. Ambos formaban parte de la barra de amigos llamada “La rueda”, que se juntaba en el Café “La terraza”, propiedad del bonachón de Rafetto; Firpo, además de ser un exitoso boxeador, era un gran empresario, de esos que huelen los negocios donde otros ni siquiera lo imaginan, y a la vuelta, trajo de su estadía por los Estados Unidos, la representación exclusiva para nuestro país, de los afamados automóviles Stutz.

Raúl llegó a ser piloto contratado por Firpo para correr los Stutz, ganando el segundo Premio Otoño de 1925, corrido en el famoso circuíto “grande” de Morón. Aquél triángulo imaginario, que comenzaba en Morón, yendo por el famoso camino empedrado, que llegaba a la localidad de San Miguel, para doblar y llegar a Moreno, volviendo a doblar, y cerrar la vuelta de 40 kilómetros, al entrar en Morón.

Parece que más de 30.000 personas se llegaron hasta las banquinas del camino, ese que los corredores debían recorrer en 10 oportunidades, y esa cantidad de espectadores, era mucho, sin lugar a dudas.

A la entrada de San Miguel y de Moreno, el camino estaba muy poceado, y al tomar los baches, viniendo lanzados, varios corredores rompieron ruedas, llantas, rajaron chasis, y hasta Ermanno Blanchiardi, volcó por perder agarre, las ruedas de su Chandler, al volantear para no aplastar a los imprudentes de siempre, colocados en cualquier parte, y cubriendo la visión de una curva. Choque contra un camión, vuelco, el camión tumbado aplastando al coche, con Blanchiardi y su acompañante Antonio Ficarelli dentro, y quedándo el Chandler, ¡partido en dos!.

No se asusten; Blanchiardi y Ficarelli, solo ligaron algunos moretones…

No era joda. Se corría a más no poder. El mismo Riganti contaba que en 3 oportunidades, se tuvo que detener a reajustar la manguera que lleva agua del radiador al block del motor, porque las agarraderas saltaban, al no soportar semejante castigo, a causa de los baches.

El triunfo de Raúl, en el segundo Premio Otoño,fué una publicidad muy buena para Stutz, y Firpo, entusiasmado con el nuevo binomio Riganti-Stutz, mandó a traer a nuestras tierras, un Stutz “Halcón negro”, el modelo más picante que fabricaba la marca de Indiana, para prepararlo lo antes posible.

En ese intervalo, Raúl decide firmar un contrato que le aseguraría la gloria sobre ruedas en nuestro país; la casa Buxton, única agente oficial de Hudson en Argentina, lo contrata como piloto oficial, lo cuál no le cayo nada bien a Firpo, que debió contratar al “Potro” D’annuncio, para que corriera al “Halcón negro”.

En las siguientes reuniones de la barra, allá en “La rueda”, todos se apretaban en torno a los debates entre Firpo y Riganti, sobre quién tiene más coche ahora; que si, que no, que el great six del Hudson es más motor, que al “Halcón negro” no se le puede ganar, en fin, llegó el momento de enfrentarse en carrera, y la cosa se puso bastante espesa…

Llegó por fin, la carrera en la cuál se vería en acción a ambos coches: el Hudson de Raúl, y el Stutz del “Potro”, la carrera se dio en la localidad santafesina de  Rafaela, en su primera versión de las 500 millas argentinas, y Dànnuncio anduvo penando por fallas en el “Halcón negro”, que le impidieron demostrar su verdadero poder, quedando descalificado, al no completar el total del recorrido. La carrera la ganó Raúl; fué esa, la primera edición, en la cuál se corrió dos veces, suspendiéndose primero por lluvia, para pasar días después, a terminar de correrse, siendo al final de cuentas, ganada de punta a punta por Hudson, ya que en la primera parte de la misma, se suspendió mientras Domingo Bucci, el compañero de equipo de Raúl, se encontraba punteando, para terminarse con Riganti en el primer puesto, al volante de su Hudson a estrenar, ya que al momento de correrse, el coche no estaba listo, y largó con un Packard de Tomás Duggan, abandonando, para después volver a largar dias después, ya piloteando el Hudson asignado  para él.

Al otro día, a la mañana, Raúl se apareció con un coupé sport, con la capota baja, en la puerta de la coqueta agencia de Firpo, acelerando y gritando a toda orquesta: “¡Que salga el grandote!, ¡Que salga el grandote!”, Firpo salió revirado al encuentro de Raúl, y este, le vació encima una bolsa llena de plumas, mientra le decía “Tome, esto es lo que quedó del Halcón negro. ¡Era una gallina”!, para luego salir de apuro, al ver su puño demoledor   revoleándose al viento, mientras Firpo se prometía entre dientes: “Le voy a dar un cascarazo!”

Aquella increíble barra de amigos enamorados de la mecánica, compuesta entre otros, por Emilio Poli, el famoso aviador, Ricardo Lorenzo “Borocotó″, el grán periodista y escritor deportivo, Raúl Riganti, Luis Ángel Firpo, Atilio Casime, el rey de las cachadas a todo el mundo, el gringo José Desideri, otro corredor famoso por aquellos tiempos, el chileno Emilio Karstulovic Bonaci, el famoso “Kartulo”, corredor, y diréctor de la famosa revista de cine “Sintonía”, eterno raidista y enamorado de nuestro suelo, los hermanos Tuñón, el tano Campanelli, otro periodista deportivo, Luis Viglione, el famoso dueño del taller “El invento”, el rengo Bóssola, el creador y corredor del famoso “Mosquito”, el técnico Caputti, el primero en crear acá, un motor con bielas montadas sobre rodillos, en fin, genios de la mecánica de antaño; además de Furió, Pondal Rios… demasiados personajes juntos, para divertirse en “La rueda”, apostando con los cubiletes, en campeonatos de generala, para ganarse los cigarrillos y el café…

La historia cuenta que Raúl. iba a ver pelear a Firpo, se acercaba al ring, y se ponía a vitorear al rival de turno de este, gritándole: “¡Dale, que este es un grandote amargo! ¡Yo lo conozco ! Mientras Firpo, a propósito, haciendo un clinch y empujando a su rival hacia el lado de las cuerdas, en donde Raúl “alentaba”, y asomaba la cabeza por entre las sogas y le prometía: “¡Lindo cascarazo te vas a recibir!”. Lo cuál no quitaba que ambos después siguieran frecuentando  “La rueda”, aunque claro, durante los dias posteriores a semejante cachada llena de plumas, Raúl se sentara un par de mesas más adelante que Firpo, por algo que muchos, al usar el sentido común, llaman “prudencia”…

1926, es el año en el cuál, se forma otra pareja despareja, pero esta vez, con un nivel de efectividad nunca visto en un equipo oficial; Domingo Bucci, había sido fichado para la casa Buxton en 1924, siendo no solo corredor, sino también, jefe de mecánicos de la casa central, sus antecedentes de victoria eran mas bien pocos,mientras Raúl, era ya una figura consagrada; se había cansado de ganar todo lo que se podía ganar con las motos, había sido, con Martín “Macoco” Alzaga Unzué, uno de los dos primeros corredores argentinos en correr las 500 millas de Indianápolis, y ya había ganado una de las competencias más afamadas, como el Premio Otoño.

Su fama de velocista absoluto, contrastaba con el metódico y calculador Mingo; el mismo Raúl recordaba :

“A mediado de los años 20′, entré como piloto oficial de Hudson, a la casa Buxton, pasando a formar parte del equipo de carreras con Domingo Bucci; él era todo cálculo y planificación, y yo, todo nervio y explosión”.

“Largábamos juntos, y yo era la liebre; ganaba de atropellada, o hacía el desparramo, y detrás venía el Mingo, apilándolos a todos; entre el 26 y el 28, ganamos juntos, la mayoría de las carreras que corrimos”.

Muchos creen que la primera rivalidad de marcas, en nuestro automovilismo deportivo, está a cargo de Ford y Chevrolet, pero sin embargo, se equivocan de medio a medio; Studebaker, fue en los años 20′, lo que Ford a mediados de los años 30′; es decir, una máquina de ganar.

El gran premio nacional de 1922, se lo lleva Antonio Ovides, el de 1923, Guillermo Burke,el de 1924, don Mariano de La Fuente, y el de 1925, Angel Marelli, todos ellos, corriendo el famoso modelo de Studebaker; el “seis special”, o como se lo denominaba en las publicidades, “el seis grande de Studebaker”.

Pero en 1926 Tomás Roatta gana el gran premio, en 1928, lo hace Domingo Bucci, y en 1929, se lo lleva Raúl Riganti, todos con el Hudson “great six”, o “el gran seis” de Hudson.

Studebaker, comienza a perder fuerza contra esta dupla ganadora, pero tres solitarios pilotos, amigos entre si, iban a hacerles fuerza. Ellos fueron: Ernesto Hilario Blanco, con su R.E.O., Antonio Gaudino, primero con Hupmobile, y luego con Chrysler, y Carlos Zatuszek, con el famoso “Omnibus” Mercedes-Benz, pero esto, lo vamos a revivir en la próxima entrega…

Nicolás Lucas Barón.

Los invito a reunirnos, para disfrutar la próxima entrega, en la página web, del petit museo, y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.INDIANAPOLIS 2 INDIANAPOLIS 1 INDIANAPOLIS

Seleccioné tres imágenes para acompañar esta entrega; en la primera , aparece Raúl Riganti, entre la nómina de los corredores que participaron en las 500 millas de Indianápolis de 1923, marcado con una cruz,en la segunda, lo vemos a Raúl junto a Domingo Bucci, ambos compañeros del equipo oficial Hudson, para la República Argentina, y tercero, el inolvidable Luis Ángel Firpo, posando en su escritorio, en la agencia Stutz de su propiedad.

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