LAS TRISTES SORPRESAS QUE ATESORAN LOS MUSEOS DE LUJÁN.

El domingo 20 de julio, por la mañana, decidí hacer un alto en Luján, a mi vuelta de una cena con amigos la noche anterior, en el pueblo de Jáuregui. Tenía la intención de ver nuestros lindos tesoros del ayer, que se supone, allí saben guardar, y atesorar como corresponde.

Pero una realidad bastante distante se apropió de mis ojos, mugre, basura, abandono, y una imagen más desoladora todavía; el total desinterés, por parte de aquellos que están allí apostados, para resguardar las piezas que se exponen, y responder con cortesía, ante las preguntas de todos los que deseen saber, el celular es el único que les merece su total atención, a ellos no les importan las personas que visitan el lugar, ni los niños, que al no ser educados sobre la necesidad de respetar nuestra historia, se ponen a probar la resistencia de todo lo que pueden alcanzar, como para ver, que se rompe y que no…

Ya no parece primordial tener criterio al momento de armar recreaciones que evoquen los tiempos pasados. Con decirles, que a la locomotora “La Porteña”, le encajaron justo detrás del vagón original, destinado a la primera clase, un tranvía de tracción a sangre, sin importar, que prestaron servicio con 35 años de diferencia, total, “son cosas viejas, quién se va a dar cuenta”…

La colección de carruajes está tan mal expuesta, que parece que estuviesen atrapados en un embotellamiento de la avenida General Paz, la falta de buena luz, para poder contemplar mejor las piezas allí expuestas, es una triste moneda corriente. Si no hay espacio suficiente, entonces, ¿Por qué no se entregan en carácter de préstamo a diferentes entidades, para que sean debidamente expuestos? Esas piezas, son de todos nosotros, por eso, cuantas más personas puedan disfrutarlas, más se estará enriqueciendo nuestra cultura…

Al llegar a la sección de automóviles, la tristeza me invade. Me sobran los dedos de mis manos para contar la cantidad de unidades… Es de total descaro, que mientras millones de pesos se esfuman día a día sin motivo, casi no se posean piezas para exponer, en vez de adquirir las piezas necesarias, ahora que todavía están aquí, y nutrir este tipo de lugares con lo que supimos tener, antes de que todo desaparezca de nuestro suelo, y ya sea tarde…

Un Ford T con la capota en mal estado, la limousina presidencial Rambler Ambassador, expuesta con la rueda delantera derecha completamente en llanta, mientras que en su interior, en el asiento reservado al presidente, podemos ver una rueda de auxilio dentro, sobre el asiento mismo, es decir, el abandono está de fiesta dentro del museo….

Otro automóvil, un Packard de 7 asientos con carrocería cerrada, ostenta un opaco cartel con un escudo nacional, no se sabe quién lo usó, ni la marca del auto, ni el año, es decir, no figuran datos, total, ¿A quién le importa?.

La única motocicleta expuesta, muestra con vergüenza, su cubierta aplastada contra el piso, sin aire, vayan a saber ustedes desde cuándo, mientras que le colocaron a la pobrecita, una cubierta de bicicleta todo terreno, a la cual, por supuesto, también le falta el aire. ¿Fidelidad al momento de rearmar una pieza histórica? ¿Para qué?…

Tomé las fotos correspondientes para que ilustren la nota, y si no se ve mejor, es por la falta de luz…

El piso superior, directamente, está cerrado. “por falta de personal” le dicen a uno. ¿No vale la pena, al menos, que los “guardianes”, se propongan turnarse en forma rotativa, y por espacio de meda hora, para poder abrir el piso superior, por ejemplo, cada 3 horas, y así al menos, dejar ver las piezas allí olvidadas?

Me retiro con mucha indignación, sobre todo, al apreciar un cartel, que advierte al visitante, junto a la puerta de entrada, de que no se permite entrar con mochilas, con cámaras fotográficas ni con  filmadoras. ¿Será porque no quieren verse expuestos, al revelarse su total incompetencia?

Me voy al museo del Cabildo, que está a unos pasos del de transporte, y trato de convencerme de que este, no será como aquél, pero después de ingresar…

Caras demasiado largas, las de los “guardianes” o mejor dicho, “encargados de sala”, o no sé como llamarlos, porque ni identificación tienen, es decir, nunca sabremos cómo se llaman, o cuál es su función allí. Dan imagen como de fastidio, por estar en donde no les interesa, ni les gusta, miradas en pleno trance, atrapadas en la pantalla del celular, mientras lo único que se les mueve, son los dedos de una mano, sobre el teclado de los mismos…

La basura en medio del césped, como si estuviese correcto que así deba permanecer, mientras las escobas duermen la siesta junto a centenarios cofres blindados, de procedencia europea, abandonados y arruinándose al oxidarse cada día más, por no conocer mantenimiento alguno, mientras tanto, los matafuegos brillan por su ausencia, y es de temer, lo que podría pasar, si el fuego se presenta en estos sitios, con tanta madera y tela sin nada ni nadie que los defienda…

Saqué algunas fotos más y me fui. No lo soporté, me causa mucha impotencia ver como se burlan de la importancia de nuestro pasado, de nuestra historia.

Y el mismo dolor me causa, al ver a la gran mayoría de la gente, que viene a estos museos, mira sin mirar, se ríen un poco, de alguna que otra cosa, y salen rapidito, a ver si ya hay lugar en la parrilla de a la vuelta de la esquina…

Pensaba escribir sobre otras cosas, ustedes ya saben, pero no, no pude evitarlo, y creo que es mejor así, porque al conocerme como soy, si no se los hago saber a ustedes, que se preocupan como yo, de preservar lo nuestro, para que lo puedan conocer y de él aprender, no solo todos los demás, sino también las generaciones venideras, les estaría jugando chueco, y no seré yo, el que traicione a los lectores.

Nicolás Lucas Barón.

Las imágenes tomadas este último domingo, hablan por sí solas, no hace falta explicar mucho. ¿No les parece?LUJAN 5 LUJAN 4 LUJAN 3 LUJAN 2 LUJAN 1 LUJAN

Los espero para disfrutar juntos la próxima nota, en nuestro clásico lugar de encuentro. El petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.

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