SIMPLEMENTE DOMINGO BUCCI (sexta entrega)

   El famoso Hudson apodado cariñosamente como el “Bestium”, fue el auto de carreras que más satisfacciones le dio al Mingo, gracias a él, no hubo competencia en que no llegase primero.

A los mandos del “Bestium”, Domingo Bucci vence en la Copa Kade, en el Gran Premio del club Audax Córdoba, corrido en el famoso circuito mixto de la localidad de La Tablada,, en las 500 millas de Rafaela, el Gran Premio Otoño, en el circuito de Mercedes, en la carrera del Esperanza Automóvil Club, con sus 500 kilómetros de recorrido, y el Gran Premio Nacional de 1928, algo muy anhelado por él, si bien en 1926, lo había ganado al correr como acompañante del chacarero Tomás Roatta, ahora el Mingo era quien estaba al volante, y de esta manera, inscribió su nombre y apellido en la historia del Gran Premio, al convertirse en el primer corredor que lo ganó primero como acompañante, y después como piloto.

El buen sueldo de jefe de mecánicos le alcanzaba dignamente para mantener a su familia, mientras que el dinero de los premios, los ahorraba para poder hacer realidad su sueño de tener su casa propia, con un taller dentro de la misma. Así pudo lograr la compra de una hermosa propiedad en el barrio de Belgrano, con jardín interno, una amplia sala de estar, piso superior para las habitaciones, y un hermoso garaje  en el cual el Mingo mandó a construir las fosas en el piso. No le faltaba nada, había logrado el amor, una familia hermosa, y mucha fama, de la que el siempre descreía. La fama, era para él, algo así como un suceso de muy poca importancia, ya que el Mingo prefería pasar el tiempo entre el trabajo, su familia y la vida hogareña, rara vez se lo podía ver en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, del cual era socio, y el éxito, que no paraba de sonreírle.

El Mingo escapaba del bullicio que inevitablemente, trae la fama  al alcance de la mano, el no era de ir por las tardes a reunirse con los muchachos de “la barra”, como lo hacían Raúl Riganti, o Ernesto Hilario Blanco, entre otros ases igual de famosos por aquél tiempo, el Mingo era bien caserito, unos ricos mates con la patrona, jugar con sus dos hijos, Rolando Y Clemar, y estudiar de que manera poder lograr siempre un cachito mas de potencia, ese empujoncito extra para el motor, que en un mano a mano, hace la diferencia…

Prácticas, dibujos explicativos, fórmulas, ensayos, pruebas, más teoría, y de nuevo el ensayo, la práctica, así logró ser uno de los corredores con mas conocimientos mecánicos de la historia de nuestro automovilismo argentino.

Casi sin pensarlo, el Mingo un buen día comenzó a hacer escuela, al apadrinar al hermano de su mujer, su cuñado Eleuterio Donzino, un muchacho con mucho para dar con el volante en la mano, y que entre otros éxitos, lograría imponerse en una edición de las famosas 500 millas de Rafaela.

Para aquéllos tiempos, el Mingo era considerado como el piloto mas seguro en su estilo de conducción eficaz, y a la vez, menos arriesgada de todos los “ases” del ambiente automovilístico argentino. Su mujer, una vez declaró que “Con la forma de correr, del Mingo, el puede competir toda su vida, que nunca le va a pasar nada”…

¿Pero porqué el Mingo tenía semejante fama de seguridad  arriba del auto de carrera? Porque estudiaba durante mucho tiempo cada carrera a celebrarse, sus rivales, la forma de correr de cada uno de ellos… El Mingo se conocía de memoria la forma de manejar de todos sus colegas, lo cuál le servía para saber de antemano, según el tipo de carrera, con que tipo de estrategia y de que manera podía vencer a cada uno.

Sabedor de que uno de sus mas peligrosos rivales, era ni mas ni menos, que su compañero de equipo, Raúl Riganti, el Mingo no dudaba en que si Raúl tenía un enemigo a batir, ese era su propia impronta indomable, por eso no se trenzaban entre sí, cada uno corría “su” carrera, y al final de cuentas, la casa Hudson era la que ganaba…

El mismo Riganti contaría años después:

“Durante algunos años, formé equipo con Domingo Bucci para la casa Hudson. Él era el cerebro, marchaba desde atrás a paso firme, leyendo la carrera como nadie. Yo en cambio era la liebre, hacía el desparramo, salía primero a romper, ganaba de punta a punta, o me quedaba en el camino, y entonces desde atrás venía el Mingo. De esta manera, nos llevamos casi todas las victorias en la segunda mitad de los años veinte.”

Podríamos narrar muchas anécdotas sobre la inteligencia y sangre fría del Mingo, al momento de encontrarse en apuros, y dar en el clavo con la justa solución. Como muestra sobra con recordar como el Mingo ganó su última Copa Kade:

Estando primero, y con todo el pelotón detrás, el mal estado del camino hizo que las vibraciones fuesen mas duras que de costumbre, y que en cierto momento, el tanque de nafta se rajara en una de las uniones de los perfiles; imposible era repararlo en plena carrera, los segundos eran oro en polvo, y el combustible salía sin detenerse con cada suspiro. Es entonces que el Mingo se formuló un  par de preguntas, que el mismo se contestó en silencio con la velocidad de la luz mientras miraba fijo a la rajadura en el tanque:

“¿Cuánto combustible estoy perdiendo? ¿Cuánto combustible perdí? ¿Cuánto combustible me queda? ¿A cuantos kilómetros tengo en el camino a las estaciones de servicio? ¿Cuánto es lo máximo que me conviene cargar? Nada de pisarlo a fondo, con toquecitos de acelerador lo llevo bien ligerito en las rectas, y en las curvas despacio, porque cuantos más sacudones, mas se abre el tajo en la chapa”

Y fue así nomás, saco cuentas, armó un nuevo plan de carrera, y por supuesto, a pesar de todos los pronósticos funestos, ganó de nuevo…

Se va 1931, y el mingo decide formar parte del cambio, y al igual que otros corredores, decide comenzar a correr con motores de 8 cilindros en línea; se desvincula deportivamente de la casa Hudson, y comienza a preparar un flamante De Soto, una marca creada en 1928, y que formara parte del grupo Chrysler,

Se presenta en el Gran Premio Nacional de 1932 con su querida “Chancha”, un racer de su completa hechura, con una línea de carrocería hermosa, una perfecta mecánica, con el poder de los 8 cilindros, y un tamaño contenido: ni muy largo, ni muy corto.

Por problemas en sus antiparras, el barro del camino, ingresa en sus ojos, y a pesar de sufrir tremendo castigo en plena competencia, logra llegar segundo, detrás de Ernesto Hilario Blanco y su famoso R.E.O. Grey Rock, utilizando también, un motor de 8 cilindros en línea…

La primera carrera de automóviles corrida en un trazado totalmente asfaltado en la Capital Federal, se realizó en el verano de 1933, teniendo como recta principal, a la costanera norte.

En esta carrera, Domingo Bucci rompe todos los mandatos conocidos en este tipo de competencias, y anota como acompañante a su hijo Rolando, quien ya contaba con 14 años, y sería este, su bautismo de fuego en el automovilismo.

En La competencia, se anotaron diferentes tipos de coches, y es por este motivo, y con sobrada razón, que los organizadores ofrecieron dos categorías para la inscripción, en una, solo podrían anotarse los “pura sangre”, mientras en la otra, ingresaban todos los coches “de serie” con las preparaciones del caso. Al Mingo le tocó esa categoría, y supo llevar a su De Soto triunfador por vez primera en una carrera con todas las de la ley, cuando la idea de la construcción de un autódromo, en lo que hoy día, es la ciudad autónoma de Buenos Aires, no tenía asidero alguno.

Si señores, Domingo Bucci fue el primer piloto en ganar una carrera sobre un trazado callejero totalmente asfaltado, en lo que después sería la capital de todos los argentinos, hasta en esto, el Mingo fue pionero…

Espero que les haya gustado la anteúltima entrega sobre la vida de Domingo Bucci, En la próxima entrega, vamos a ver como por una actitud completamente incomprensible, pierde la vida el protagonista de esta increíble historia…

Los espero a todos para que juntos disfrutemos de la séptima y última entrega, en nuestro querido sitio de encuentro; la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.DOMINGO BUSSI 2 DOMINGO BUSSI 1domingo bussi 3

 

 

DOMINGO BUSSI

Las imágenes que ilustran esta entrega, nos muestran el caudal de popularidad alcanzado por el Mingo, al ser tapa de la principal revista de deportes de América latina: “El Gráfico”.

En la primera tapa,   vemos al Mingo condecorado con flores, después de  llegar victorioso, junto a su compañero de fórmula, Raúl Riganti.  aparece Bucci posando con casco, camisa y corbata, con motivo de hacer suyo, el Gran Premio Nacional de 1928.

En la segunda tapa, lo vemos al Mingo con el “Bestium” sin carenar, haciendo suyas, las 500 millas de Rafaela, mientras en el segundo puesto llega su amigo Carlos Zatuszek con su Mercedes-Benz .

En la tercera tapa, lo vemos posando sonriente junto a una rueda de repuesto, mientras detrás de su figura, asoma una enorme multitud jubilosa, festejando la victoria del Mingo en los 500 kilómetros de la competencia de Esperanza (Santa Fe)

Y en la última imagen,  aparece Bucci posando con casco, camisa y corbata, con motivo de hacer suyo, el Gran Premio Nacional de 1928.

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