EL INOLVIDABLE CARLOS SATUSZEK –cuarta entrega-

Ya con Julio Brendt debajo del ómnibus, casi de inmediato, Juan Maczak ocupa su lugar, y se desata una ola de victorias difícil de imaginar, tan solo meses atrás.

La primera de las contiendas que marca el almanaque de la década de los años 30’, es ni mas ni menos, que el Gran Premio Nacional, y Carlos Satuszek es uno de los protagonistas de aquélla carrera.

Arrancaba 1930, y se largaba la carrera de automóviles más importante de toda Sudamérica.

La carrera la ganó el popular “Tuñin”, uno de los famosos “tres mosqueteros”, el gran Antonio Gaudino, conduciendo un imponente Chrysler serie “77” con motor de 8 cilindros en línea.

El mismo Gaudino, contaba lo dramático que había resultado el duelo “mano a mano” con Carlos y el ómnibus.

“ Nos trenzamos en medio de la inmensidad, mano a mano, mi Chrysler tenía mayor velocidad final, pero eso no lo iba a frenar a Zatuszek.

Al llegar a Pergamino lo tenía delante mio, doblamos para San Nicolás, y ahí comenzó el duelo. Zatuszek me sacó como un kilómetro y medio de ventaja.(…)

Pero al llegar a Arroyo Seco, me le puse a la par, me le colé en su nube de tierra y empecé a ponerle la trompa, cuando lo tuve a la par, empecé a apretar el embrague, porque me quedaba resto, y le aceleraba en vacío.(…)

Lo mejor que pude hacer fue “torearlo”, amagando todo el tiempo a pasarlo, entonces, él accionaba ”el chancho” y entonces si, me sacaba unos 40, 50 metros, que yo volvía a recuperar al rato.

Yo podía pasarlo, pero la idea, era que el mismo, de tanto darle al chancho, terminara por romper el motor.

Tanto forzarlo al chancho, que el motor del Mercedes llegó a Córdoba con dos bielas fundidas”(…).

“El chancho”, era el apodo con el que se conocñúa al compresor Roots que traía de fábrica el Mercedes-Benz de Carlos, ya que al accionarlo en plena carrera, su sonido se asemejaba al grito de un chancho.

La astucia siempre estuvo a la orden del día, y Zatuszek detrás del volante, pecaba de esa furia que era difícil de controlar, como la padeciera a su manera, también Raúl Riganti, en ese “Salir a la punta y ganar, o quedar en el camino, no sin antes hacer “el desparramo”.

La cuota de color, la puso el acompañante de Carlos, un italianito casi recién bajado del barco, quien contaba a la prensa, que después de largar la etapa de vuelta desde Córdoba…

“Yo dice a Calo “Calo, cambiemo abrazadera que elástico se va romper… ¡Calo! y Calo nada, y en Pergamino ¡Pum! Elástico roto. ¡Todo cabeza dura de Calo! ¡Ganó Tuñín! ”

Pero la victoria en el gran premio estaba al caer para Carlos, las grandes distancias, y la velocidad elevada del Mercedes, eran el combo ideal para llevarse la victoria.

Y esta no tardó en llegar, porque el Gran Premio de 1931, se lo llevó con toda justicia, ya con la ayuda de Juan Maczak como acompañante.

Gran cena de honor al ganador, organizada por el Automóvil Club Argentino, con la presencia de todos los participantes, que no pararon de aplaudir de pié, la entrada de la pareja ganadora,  Y Carlos, enfundado en un fino traje de noche, color azul oscuro, no podía dejar de sonrojarse por semejante recibimiento.

Atrás quedaban los negros días en la devastada Polonia, los tiempos de esconder el pedazo de pan sobrante, en la mesa del comedor de aquél hotel de inmigrantes, que a todos supo cobijar, sin preguntas de ningún tipo, las jornadas dedicadas a la búsqueda de empleo, las noches de frío, con el abrigo de los diarios, los primeros éxitos, el hacerse un lugar en un medio tan competitivo, como siempre fue nuestro automovilismo… Todo esto y más, pasaba por la mente emocionada de Carlos…

Con 34 años, una carrera en franco ascenso, trabajo asegurado, ahorros que dan tranquilidad al futuro por venir, nuevos amigos en su vida. ¿Se podría pedir algo más?

Ahora incluso, afloraba el amor, Carlos y la hermana de Juan, contraen enlace, y ya nada parece amenazar el sueño de una vida plena, solo faltaría la llegada de un retoño, pero igualmente, la alegría es inmensa. ¡Vaya si lo es!

El Gran Premio Nacional de 1932, esta a punto de largarse. Ya en la edición anterior, se larga desde Luján, porque los caminos de las afueras de Morón, son un completo desastre, años de suplicas a las autoridades de la municipalidad, de parte de la dirección del A.C.A. de nada sirven, y se decide cortar por lo sano. Luján, será desde entonces, el punto de largada y arribo del Gran Premio.

Pero un manto negro vuelve a cubrir la vida de Carlos. El hijo tan deseado por ambos, ha llegado, pero trae la muerte consigo.

En una dificilísima sesión de parto, la madre pierde la vida, quedando Carlitos, solo amparado, por los brazos de su padre en este mundo.

Es así, que como profesional que era, Carlos se presenta en la línea de partida, con el brazalete negro, correspondiente al estado de Carlos.

La carrera es a brazo partido con otro gran amigo que el automovilismo supo ofrecerle,  su nombre es Ernesto Hilario Blanco, se conocen desde hace rato, y en gran medida, Carlos sabe que Gracias a Ernesto, en las pistas, Carlos es lo que es, un piloto consagrado, y el gran Ernesto, primero que nadie, lo supo descubrir.

Llegan a Córdoba, uno pegado al polvo que levanta el otro. Tan solo un par de minutos en el tiempo empleado por ambos los separan. Carlos marcha primero en la general, detrás va Ernesto, después de darse una buena ducha y almorzar, se juntan a leer las noticias de los diarios, que comentan en primera plana, todos los entretelones de la largada de la primera etapa Buenos Aires-Córdoba.

Apenas está comenzando a amanecer, la noche de descanso ha pasado ya, y Carlos, se dirige del hotel al punto de largada, debe apurarse, sale en el primer lugar, y debe de adelantarse a la marea humana que en poco tiempo más, va a comenzar a colmar todas las calles y caminos adyacentes al punto de largada, los carros, los coches… El acontecimiento social que despertaba cada edición del Gran Premio era difícil de equiparar con otro momento del año, en que se reuniese tanta gente.

Y otra vez aparee la desgracia, en medio del amanecer, con un cielo todavía negro, avanza Carlos con el ómnibus. Reconocemos que no va “a vuelta de rueda”, y quizás sea por eso, que en un paso a nivel del ferrocarril, repentinamente se baja la barrera, y Carlos atina con buenos reflejos a agacharse, inclinando su cuerpo a la izquierda, pero lamentablemente, no tiene puestas sus antiparras, y la barrera arranca violentamente al símbolo de la famosa estrella del Mercedes-Benz, ubicada sobre el tapón del radiador, dando esta, de lleno en su ojo derecho.

La sangre fluye mientras el ojo en compota queda tan inflamado, que le es imposible abrirlo, y naturalmente, debe de ser hospitalizado.

Ernesto Hilario Blanco ganará aquél Gran Premio de 1932, y apenas traspase la línea de llegada, se aprontará a viajar en tren hasta Córdoba, para estar junto a su amigo herido. La cena de honor al ganador, pactada para esa noche, deberá suspenderse hasta que Blanco y Zatuszek regresen. La amistad esta primero…

Cuando a Carlitos, los doctores resuelven darle de alta, está en la sala de espera su padre, estrenando la viudez, y un ojo morado.

El bebé todavía muestra las marcas en la cabeza, de las pinzas extractoras. Carlos lo sostiene entre sus brazos, mientras le dice:

“Tanto vos como yo, estamos marcados.(…) A mi, lo que no pudo la guerra, lo logró el automovilismo, y a vos, te marcaron los fierros, que te salvaron la vida”.

Nicolás Lucas Barón.

Un nuevo renacer se impone en la vida de Carlos Satuszek, y al igual que tantas dificultades vencidas, este escollo, también logrará saltarlo.

Espero que estén disfrutando de esta historia tan emocionante, como yo lo estoy haciendo, mientras escribo para ustedes…

Las imágenes que acompañan esta cuarta entrega, nos muestran a Carlos Zatuszek y a Julio Brendt, junto a Domingo Bucci, a punto de disputarse las 500 millas de Rafaela.

Después vemos la primera tapa de El Gráfico, que Carlos logra alcanzar, al ganar el gran premio del circuito cordobés de La Tablada, en 1929.

Y la tercera imagen, nos muestra a la tapa de “El Gráfico”, en la cuál lo vemos a Carlos como Vencedor en el Gran Premio Nacional de 1931. SATUZTECK 6

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Los espero a todos ustedes, para disfrutar juntos de la próxima y última entrega, en nuestro lugar de encuentro. La página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Edgardo Omar Roglich.

¡Hasta la próxima entrega!

 

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