EL INOLVIDABLE CARLOS SATUSZEK (QUINTA Y ÚLTIMA ENTREGA)

1933 y 1934, son años de escasa participación para Carlos en las carreras.

Viaja a Europa, para interiorizarse de los nuevos adelantos en materia de automovilismo deportivo, y queda con la boca abierta, al ver la eficiencia de los equipos en los boxes.

Una vez de vuelta, reúne a los suyos mientras exclama entusiasmado:

“Están llenando el tanque de combustible y cambiando las dos ruedas traseras en menos de un minuto, siendo lentos”.

Todavía, en nuestros circuitos, la pachorra y la mala organización, eran moneda corriente, no se tenía en mente, como lo es hoy día, que el equipo encargado del reabastecimiento, es tan importante para ganar, como la pericia del piloto, o el rendimiento de la máquina.

Y en los caminos ni hablar, si un “as” se detenía en una estación de servicio a la vera del camino, era más factible que perdiese más tiempo esquivando a los cholulos, que comenzaban a rodear al coche, que cargando combustible, por ejemplo.

Otra cosa que impactó a Carlos, fue el rendimiento en carrera, de algunos inventos de tracción delantera. Ya en su taller, y con un automóvil de ese tipo, que había entrado para reparar, Carlos y los muchachos comenzaron a observarlo y a debatir largo y tendido sobre este asunto.

El propio Carlos recordaba : “Entonces empezamos a realizar dibujos en la pared del taller, probamos en adaptar el sistema al Mercedes, discutíamos mucho, y volvíamos a probar más”.

La idea, era realizar un tren delantero con trocha más ancha que el trasero, para asegurar la estabilidad a altas velocidades; sin embargo, hasta ahora, no obtuve nunca una fotografía del “ómnibus” con ese tipo de tracción experimental, ni tampoco pude recolectar datos acerca de alguna carrera en la cuál, Carlos hubiese participado con este sistema de tracción. Pero quien sabe….¿Será cuestión de seguir buscando, no les parece?

El Gran Premio Nacional de 1933, dejó sus esperanzas de una nueva conquista, empantanadas en el barro pegajoso de aquél nuevo recorrido a cubrir, uniendo ida y vuelta a la localidad de Florencio Varela, con la ciudad de Bahía Blanca, y vuelta a Varela, para terminar allí aquélla edición.

Morón, la antigua ruta a Córdoba, y aquella época en la cuál había que lidiar más con el camino que con otra cosa, llegaba a su fin.

Los caminos de entrada y salida al sector oeste de la provincia de Buenos Aires, eran un completo desastre, Ya en las ediciones anteriores de 1931 y 1932,se debió largar desde Luján y llegar hasta allí para terminar, porque los caminos de salida desde Morón, ya eran poco menos que intransitables para un coche de carreras.

La nueva consigna, comenzó a ser “descubrir nuevas rutas, alargar la provincia”, hasta que Domingo Bucci fallece en marzo de 1933 en Arrecifes, y todas esas nuevas ideas, quedan sin efecto debido a la prohibición de realizar carreras de velocidad en la provincia de Buenos Aires.

La edición de 1934, lo encuentra fuera de la grilla de partida, sin embargo, el ganador, Emilio Karstulovic Bonaci, hizo suya aquélla atípica edición, corrida entre las ciudades de Rosario, Resistencia, y de vuelta a Rosario, debido a la nombrada prohibición, que recién desaparecería en 1937.

Aquél Gran Premio de 1933, sería el último corrido por Carlos, En 1935, sería de aspecto internacional, y los “racers” como los de él, quedaban fuera de competencia por reglamento. Es por esa razón, que Carlos solo se dedica a correr en los circuitos, de ahora en más.

En 1934, viaja con su equipo a Brasil, a concursar en el Gran Premio del circuito de Gavéa, en Río de Janeiro.

La concurrencia de pilotos argentinos, o residentes en nuestro país, fue numerosa, pero muy flaca en rendimiento, y Carlos, clasificó entre el pelotón del montón, algo impensado en un piloto como él,

El circuíto era un ovillo enredado de tantas curvas, y el “ómnibus” sufrió de lo lindo en aquél trabado circuito callejero.

La reapertura del circuito de Rafaela, debido a la feroz crisis económica que golpeó al mundo entero, apenas nacidos los años 30’, vio en su edición de 1935 a Carlos, ganador por primera vez, un logro que le faltaba adjudicarse.

Y en 1937, tendría la satisfacción de volver a ver la bandera a cuadros en el primer lugar, adjudicándose una vuelta en entrenamientos, de más de 190 kms/h.

Carlos comienza a viajar por todos lados donde se realice una carrera medianamente importante, y por donde va, deja huellas, peleando entre los primeros, como en el circuito ciudad de Santa Fé, o ganando para sorpresa de muchos, en circuitos “chicos!, como en las 200 millas de Tucumán, o en Paraná, en Lavallol, en Olavarría, en San Francisco… ¡ Y de nuevo en Rafaela !.

Nada parece detenerlo, es el piloto a vencer, junto con Ernesto Hilario Blanco, y un muchacho con muchas ganas de correr, que ostenta la máquina más veloz de Argentina. Ese muchacho es Carlos Arzani, y su A.L.F.A. Romeo cada vez, es más difícil de aguantar en carrera…

Falta pocos meses para que se vaya 1937. Carlos convenció a su hermano menor, Miguel, de venir a la Argentina, y de su mano, las carreras, comienzan a seducir a Miguel.

Carlos lo prepara con todo el amor de un hermano mayor, que debido a los avatares de la vida, a veces cumple un poco el rol de padre con Miguel,

Comienza a correr, como acompañante de su hermano mayor, y llega la carrera de Casilda, en la provincia de Santa Fe.

Algo especial, ha estado poniendo a Carlos pensativo, algo que hacía años no le sucedía. Una mujer se cruza en su vida, lo seduce, la atracción es mutua, pero aquella mujer, lleva consigo un estigma, que hasta hoy día es muy difícil de aceptar, en una sociedad como la nuestra. Aquella mujer, ha dejado a sus hijos para estar al lado de Carlos…

Una actitud como esa, no puede pasar desapercibida por nadie de su entorno, y menos de su fiel amigo Juan Maczak..

-         Vos, ¿que opinas?

-         ¿Querés que te diga lo que pienso, o querés que te diga, lo que querés escuchar?

-         ………

-         Mira Carlos, te lo digo de corazón, para mi no es una buena mujer, la que deja a sus hijos, para estar junto a otro hombre…

Surge la idea entre los enamorados de contraer matrimonio. Carlos es viudo, y la ley lo autoriza. Desea volver a creer, en una nueva relación, en el amor, en disfrutar plenamente una segunda oportunidad de ser feliz junto a una mujer.

La vida parece entregarle esa oportunidad, aunque todavía no sabe a que precio.

En esos pensamientos esta su cabeza, cuando después de unas pasadas fuertes al circuito de Casilda, están yendo hacia el sector de los boxes, casi a “vuelta de rueda” para el “ómnibus”.

Miguel recordará que el velocímetro del Mercedes-Benz, no supera los 70 kms/h, y que jamás hubiese pensado tener que contestarle semejante pregunta a su hermano mayor…

Miguel, recién esta redescubriendo a su hermano, primero la guerra, y después el exilio han borrado muchos recuerdos de su relación. Miguel lo ve a Carlos, casi como a un padre, a falta de tenerlo desde muy pequeño.

-         ¿Me caso? ¿Qué te parece?

-         Yo no se Carlos, yo… yo no se….

La conversación se ve interrumpida de manera violenta por un brutal volantazo de Carlos. Confiado en ir tan despacio, Carlos no presta atención en la recta que se termina, y la fuerte doblada se empeora al llegar las ruedas al borde de la cuneta, porque el Mercedes, al ponerse de costado, del lado izquierdo, le entrega los perfiles de sus cubiertas al borde de la misma, y este, vuelca aparatosamente.

Revolcones como este, Carlos sufrió miles, en las épocas de andar esquivando los proyectiles enemigos…

Pero un poste de alambrado da de lleno en la cabeza de Carlos, dejandolo dormido para siempre.

Nunca había volcado, y debió de ser esta jugada, capricho del destino, quien le arrebatara la vida misma…

“Lo que no pudo la guerra, lo pudo el automovilismo”, le dijo a su hijo Carlos, recién nacido. Y fue justamente esa premonitoria frase, la que vuelve a repetirse nuevamente en la vida de Carlos…

Hubo que comenzar el velatorio dentro del hospital, porque la cantidad de gente que ingresaba por la fuerza para poder verlo por última vez, en la sala de la morgue, era incontenible…

Miguel sacará pecho, al igual que lo hiciera en vida Carlos, y seguirá corriendo con el Mercedes. Otro piloto, Miguel Martinez, será quien lo corra, mientras miguel, seguirá en el asiento de al lado.

Meses después de Casilda, un horroroso accidente en el circuito de Tres Arroyos, se lleva la vida de los dos corredores, y es entonces, que un tal Juan Maczak, muerto en vida de tanto dolor, decide vender el motor de repuesto de Carlos, y entierra los restos del “ómnibus” bajo un gran gomero, plantado por Carlos al momento de tomar posesión de aquella quinta en la localidad de Cañuelas…

“Nos cobijará a todos”, fueron las palabras de Carlos, al terminar de plantarlo…sin imaginar jamás, que será aquél amasijo de fierros quien iba a cobijarlos y para siempre, tarde o temprano…

Nicolás Lucas Barón.

Esta ha de se, sin lugar a dudas,  una de las más fuertes que me ha tocado contarles a ustedes, amigos lectores…

Elegí estas tres imágenes para cerrar la nota. La primera lo muestra a Carlos junto a Villa, uno de sus últimos corredores antes de que Miguel lo acompañase.

La segunda imagen lo muestra a Carlos Satuszek Junior, presente al momento de ser inagurado el monumento que aún perdura, en medio de los campos de la localidad de Casilda.

Y la tercera imagen, nos muestra a Carlos, como pienso que debemos de recordarlo siempre, con su tosca sonrisa, pero tan sincera como siempre.SATUZTECK 11 SATUZTECK 10 SATUZTECK 9

Los espero a todos ustedes en la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich, para seguir disfrutando de nuestra rica historia automovilística.

¡ Hasta la próxima nota !

 

 

 

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario