ARTURO KRUUSE Y SU HUMILDAD, ANTE TODO. Segunda y última parte.

 

La primera parte de la gesta sin precedentes de Arturo Kruuse, ya estaba lograda, encontrarse en la línea de salida, doblegando a todos los factores negativos, que hubieran achicado a muchos pretendientes a pensar siquiera en largar un Gran Premio.

Esto, era ya una “victoria” para si mismo, lo cuál de seguro, dentro de su ser, originaría una pequeña luz de esperanza.

Porque si había logrado vencer todo lo anterior, ahora, a punto de largar, era ya entre sus pares, uno más en carrera, con las mismas probabilidades que los demás, sean estos, “ases” consagrados, corredores “del montón”, o simplemente, grandes desconocidos como él.

Había llegado la hora de correr, y así recuerda este momento Arturo Kruuse:

“Al momento de largar, nos mostró su cara la adversidad, antes que la suerte. La nafta no llegaba bien al carburador, haciendo nuestra marcha dificultosa. Una valvulita de la bomba de nafta no funcionaba bien, sin embargo, conseguíamos marchar dentro del pronóstico, pese también, al hecho de perdernos tres veces en la ruta (…)   ibamos al tanteo; corríamos por intuición, no llevábamos cuenta de las horas, ni del kilometraje ni del lugar en donde nos hallábamos (…)

Mi compañero se hacía tal confusión con los planos, que decidí no los mirara más. Ala buena de Dios andábamos por esos caminos y juzgo que la suerte nos guió hasta Mendoza colaborando conmigo hasta la meta (…)

Se dice que no hay ganador en una carrera de automóviles, que no haya contado con tres factores a su favor: la máquina, el conductor y la suerte. Y es muy cierto, sin la ayuda de esto último, no hay quien venza, aunque el coche y el conductor sean extraordinarios.

Se dijo que mi victoria se debió a los conocimientos que yo tengo de los caminos de Neuquén. Pero ya exprese, mas arriba, que para ganar es necesaria la unión de una serie de factores determinantes del éxito. Juzgo que he corrido mejor en aquellos lugares en que nada conocía.

Llegar de Mendoza a Santiago a solo seis minutos del hombre que establece un récord como el de Riganti, es performance. Sin desmerecer a nadie, sin animo de ofender, quiero decir que el haber seguido a Riganti en esa marcha vertiginosa y plena de virajes, desniveles, etc, es obra meritoria (…)

Luego, en la etapa de Santiago a Temuco, se pudo correr a 80 de promedio. De haber demorado dos horas la largada, nos habríamos evitado la neblina que resto visibilidad y que impidió la obtención del promedio que yo creo que yo creo muy factible en esa etapa. En ella fue en la cuál debí detenerme a auxiliar a Riganti que había caído medio tumbado en una zanja. Primero intentamos colocar el coche en el camino a pulso, pero nos dimos cuenta de su imposibilidad y fue cuando lo hicimos a remolque.

A la salida de Temuco perdí 24 minutos en un viraje. Resulta que en esos caminos estrechos, a fin de evitar que la tierra vaya cayéndose barranca abajo, suelen ponerse grandes troncos que la sostengan. Pues bien: el Plymouth quedó a caballo de un tronco de esos (…) Ese fue el tropiezo que me hizo perder la colocación, la que mas tarde recuperé hasta llegar a solo tres minutos del ganador de la etapa, que fue Malcolm.

Ya en Neuquén y con varios minutos a mi favor, estaba yo en los caminos que me son familiares. Sin embargo, en ellos no corrí tan bien. Un poco el barro, otro poco por distintas circunstancias, lo cierto es que no cumplí allí la performance que yo esperaba. Es por eso que considero mejor mi actuación en aquellos lugares que me eran completamente desconocidos. A propósito de esto, diré que en Roca, donde conozco bien, me equivoqué de camino precisamente cuando iba punteando.

Al volver a la ruta, ya me habían pasado dos o tres competidores, lo que supone tener que escoltarlos, sin poder, en algunos trechos, correr con la libertad de quien encuentra el camino libre. Además, como sabíamos que había llovido por Río Colorado, era preciso apurar a fin de tener bastante tiempo a favor para salvar las dificultades que se presentarían.

El propósito era bueno, mas no pudo ser cumplido por las circunstancias antes recibidas. De ahí que, en esa etapa de ruta tan familiar para mi, haya perdido 72 puntos (…)

Tropiezos experimentados por los más cercanos perseguidores, me hicieron mantener mi colocación de puntero, y en Bahía Blanca, me encontré con una situación envidiable que en la última etapa trate de cuidar sin preocuparme en el más alto promedio, sino que en conservar mi ventaja. Sabía que marchando a 60 de media, el triunfo estaba asegurado (…)

Referidos aquí, algunos pasajes previos a la competencia y otros relativos a la lucha, el lector tendrá una idea de lo que me ocurrió. Sin embargo, nunca se sabrá todo, porque todo es imposible explicarlo. Hay infinidad de hechos, de circunstancias, de pequeñas cosas que sin muy grandes y a las cuales no he podido pasar revista. Vendrán días de sosiego y en ellos, iré evocando situaciones que ahora están condensadas en esta felicidad que proporciona la victoria (…)

Ella pudo haberle correspondido a cualquiera de los valientes que acometieron la empresa. Se inclino hacia mi lado. Acaso, en luchas sucesivas, cuando la persiga, ella me esquive” (…)

Que sinceridad la de Arturo Kruuse, ¿verdad? Aquello de que “ La suerte se inclino hacia mi lado, acaso, en luchas sucesivas ,cuando la persiga, ella me esquive” nos muestra a las claras, a un hombre completamente conciente de su lugar en este mundo, en el cual, todos pueden ganar o perder, sin importar lo mucho que puedan esforzarse en cambiar sus destinos.

“Cuando nos toca, nos toca”. Por eso es mejor, que nos amiguemos con esta realidad, tanto en las buenas, como en las malas, para no confundirnos y perder el rumbo con nuestras victorias, como así también no desalentarnos y creer que es el fin del mundo, al momento de transitar por las derrotas.

Ese sentido de ubicación, esa humildad tan grande en Arturo Kruuse, es lo que lo convierte en una persona que sobresalió de la media, al momento de aceptar para si mismo, con esa especial filosofía suya, de que uno puede proponer, pero en verdad, “la suerte”, Dios”, o quienes quieran ustedes, es quien dispone…

¿No les parece?

Nicolás Lucas Barón.

Ilustran esta última entrega, dos imágenes: La primera es una simpática caricatura, realizada en el año 1938, en la cuál, Don Arturo nos saluda a todos, mientras conduce con su Plymouth por nuestros caminos; y la segunda es la firma de Arturo Kruuse.  KRUSSE ARTURO 2 KRUSSE ARTURO 3

Espero que todos hayan disfrutado de esta joyita rescatada del olvido, tanto como yo, al descubrirla, y compartirla con todos ustedes.

Volveremos a encontrarnos en nuestro clásico lugar de encuentro, La página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.

¡ Hasta la próxima nota !

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