ARTURO KRUUSE , Y SU HUMILDAD, ANTE TODO.

En la historia de nuestro querido automovilismo deportivo, podemos ver, con el paso de los años, el desempeño de los corredores, a lo largo de sus carreras…

Están los que fueron muy exitosos, los exitosos, los que siempre “estuvieron” en la pelea, los que siempre “acompañaron”, en el pelotón del medio, los que siempre fueron “cola”…

Pero la carrera de Arturo Kruuse, fue difícil de comparar, porque en su debut como corredor “hecho y derecho”, noqueó a la adversidad de un solo golpe, certero, directo, y se llevó en su primer intento, el Gran Premio Internacional Bs.As.- Chile- Bs.As. de 1935…

Anteriormente a este increíble logro, único en la historia de nuestros grandes premios de carácter internacional, Kruuse solo se había animado a “correr” una carrera, que mas que nada, tenía mucho de raid, con automóviles “standard”, entre la localidad de Florencio Varela, y la ciudad de Mar del Plata, para terminar volviendo a Florencio Varela.

A los “bólidos”, solo se les permitía quitar la capota, y después, salían al camino igual que como lo hacían del concesionario. Corría 1927, y su performance, no fue algo como para alquilar balcones…

Mucha agua pasó bajo el puente en aquellos 8 años de la vida de Kruuse. En aquél tiempo, era representante de los automóviles Whippet, y su agencia estaba ubicada en el barrio de Flores…

Las ventas se hacían rogar demasiado, y partió con su familia hacia el sur, para tomar entre sus manos, el desafío de emprender una nueva vida, en medio de las inmensidades, la nieve, el frío, la Cordillera, y la imponente naturaleza, que allá, en los pagos de Zapala, es la reina indiscutida de todo (y de todos)…

Allí, junto a su mujer, armó un modesto tallercito mecánico, con servicio de auxilio a remolque, y de esa manera, se dedicó a disfrutar de la vida…

Las cosas fueron mejorando paulatinamente, y en base a sus ahorros y al esfuerzo necesario para progresar, en un medio tan difícil de sobrellevar, como lo eran aquellos parajes alejados de la mano de Dios, Kruuse abrió su local de cochecitos usados, y venta de accesorios…

Todo transcurría sin sobresaltos para la feliz familia, hasta que la noticia, de que “El Gran Premio” iba a pasar por Zapala, lo dejó sin sueño por varias noches…

Pero mejor dejemos que Kruuse, nos lo cuente en primera persona, con esa sinceridad, simpleza, y humildad, que lo hicieron, un ser apreciado y respetado por todos: corredores, desconocidos, clientes, amigos… En fin, por todos.

Gracias a mi afán de coleccionar material gráfico original sobre automovilismo, el de aquellos tiempos pasados, llegó hasta mi, este artículo, escrito de puño y letra por el mismo Arturo Kruuse, en ocasión de contarnos a todos, lo vivido en aquellos días previos al Gran Premio, la competencia misma, y sus sensaciones, una vez terminada la disputa, que lo señalaría como al vencedor.

Acá va, entonces, la primera parte de esta linda nota.

“Aquél que experimentó en si, la necesidad de competir en pruebas automovilísticas, aunque alejado de ellas, nunca lo estará, como para no seguir de cerca las pruebas que se realicen.

En esa condición, me encontraba yo.

Desde mi intervención y debut en aquel premio standard  organizado por el Círculo Automovilístico en 1927 sobre la distancia Buenos Aires – Mar del Plata y en la cual me clasifiqué séptimo, nunca mas había competido.

No obstante, seguía corriendo carreras imaginarias y cada vez que vi anunciado un certamen, me ubique, mentalmente, en la lista de los competidores y me mezclé con ellos a lo largo de las rutas recorridas con la imaginación (…)

Por eso, cuando acertó a pasar Pedro Malgor por Zapala, pueblo en donde estoy radicado, el sentimiento aquél recobró vigor, el fuego sintió la ráfaga que lo avivaba, y desde ese momento, ya no pude pensar en otra cosa que en mi intervención en el Gran Premio Internacional, pero intervención positiva (…)

Era preciso hacer números. Comencé a escribir cartas a aquellos clientes morosos que nunca faltan. Tenía necesidad de dinero para la empresa, y eso significaba un obstáculo muy grande, el mas grande de cuantos encontré.

Fue preciso recorrer a  buenos amigos; La Sociedad de Propietarios de Camiones de Zapala apoyó la iniciativa; vendí mi coche de trabajo, mi acompañante Palmero tuvo que ir al banco a retirar un dinerito suyo, y, al final reunimos los pesos necesarios para adquirir el coche y financiar la competencia. Esto, dicho en pocas palabras, no alcanzará a explicar todas las zozobras sufridas. Por momentos pareció que era imposible correr. Mi negocio de venta de automóviles, radios, etc., tiene en sus libros unos cuantos renglones de cuentas incobrables. Recorrí a ellas, pero poco vino de ese lado. Sin embargo, al final, el dinero estuvo reunido, pero sabe Dios después de cuántas noches de insomnio en las cuales se entreveraban números, caminos, coches… (…)

Mi propósito era el de tener en Zapala el coche con el cuál iría a competir y con él dar una media vuelta a la ruta yendo para Temuco, de allí a Santiago y llegar a Buenos Aires. No fue posible por infinidad de razones cuyo detalle ahorro.

Con mi acompañante vinimos a la Capital Federal y compramos el Plymouth. Pensé en adquirir algunos repuestos que podrían ser útiles, mas el dinero no alcanzó para tanto. Ni siquiera conseguí preparar el coche como yo quería. Conocedor de los caminos del Sur, me constaba que era de suma utilidad blindar el chasis de manera que el cárter, la batería y los tanques tuvieran su defensa contra las piedras. Este detalle importante no estuvo previsto en mi Plymouth por cuestiones financieras y por falta material de tiempo para la realización de esos trabajos (…)

Sólo le pude colocar tanques adicionales de nafta y agua, los que fueron colocados en la parte trasera del coche. Para el agua, adquirí un viejo radiador al que le apliqué la conexión hacia el refrigerante del cual viene provisto el chasis, y elegí un radiador, porque me hacía las veces de tanque y porque, en caso de que llegara a chocar, siempre me quedaría de repuesto para reemplazar el que pudiera romperse.

Excuso decirles a ustedes, que todo eso fue adquirido en uno de esos “cementerios” de la calle Warnes. Allí mismo aplicamos los tanques, sacamos los guardabarros, fabricamos esos chiquitos que llevamos y salimos a dar unas vueltitas para ir ablandando el motor.

A 40 por hora íbamos hasta San Fernando y regresábamos.

Una vez fuimos hasta Arrecifes y nos perdimos, porque yo, tengo que decirlo, no conocía en absoluto el camino de Buenos Aires hasta Temuco yendo por el norte; y de Temuco a Zapala había pasado una vez hacía cinco años (…)

Con 1079 kilómetros de ablandamiento iniciamos la carrera. En vísperas de ella estuvimos trabajando. Fui a comprar las cadenas a Fiore, Paniza y Torrá, y arreglé otros pequeños detalles. Recién nos dispusimos a dormir cuando serían las nueve de la noche. Por no dejar el coche en un garage, cosa que llamaría la atención de los choferes y no faltaría quien toqueteara en él, lo dejamos en la puerta del “Hotel Comercio”, el que está ubicado junto a la comisaría que existe en la calle Lima, frente a Constitución.

Al ratito cayó un vigilante y nos dijo que hiciéramos el favor de poner el auto dentro de la comisaría porque el público se aglomeraba e interrumpía el tránsito. Lo hice. Así que las dos últimas horas que estuvo el Plymouth en Buenos Aires, fue en calidad de “preso” (…)

Salimos del interior de la comisaría luego de recibir una serie de buenos augurios y aparecimos en Palermo, lugar en donde ví reunida una cantidad tal de personas como nunca en mi vida la había visto (…)

Imagínense ustedes la situación nuestra. Sin dormir casi, en medio de aquella batahola, y pensando en que, de irnos mal, las finanzas nuestras quedarían seriamente resentidas y se necesitaría un tiempo largo de trabajo para retornar a la normalidad económica (…)

Nicolás Lucas Barón.

¿Qué les pareció esta primera entrega? Cuánto sacrificio ¿verdad?

Por suerte estamos todos, detrás de un ideal hermoso, que es el de hacer todo lo que esté a nuestro alcance, para lograr que el olvido, nunca le pueda ganar la pulseada, a la rica historia de nuestro automovilismo deportivo.

Las dos imágenes que acompañan a esta primera entrega, nos muestran a Arturo Kruuse, posando junto a su Plymouth ganador de aquél Gran Premio, y un hermoso retrato, que aparece originalmente, junto a la nota que estamos disfrutando.krusse arturo krusse arturo 1

Los espero para disfrutar juntos de la próxima y última entrega de esta nota, en nuestro clásico sitio de encuentro; la página web del petitmuseo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.

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