LA HISTORIA DEL GRAN PREMIO NACIONAL A CÓRDOBA CUARTA ENTREGA: EL GRAN PREMIO DE 1915

Arranca el año 1915, y con él, la idea de volver a realizar un nuevo   Gran Premio, uniendo las mismas provincias del año anterior, y con un poco de suerte, poder terminarlo como el año anterior, es decir, sin mayores inconvenientes.

La postura tomada por las autoridades del A.C.A., para la edición de 1915, fue la misma del año anterior, y que en cierto modo, dio buenos frutos, hacer recorrer a los participantes los caminos a la ida,  a modo de “excursión touristica”, eliminando así los problemas con el “maltrato” de los caminos.

Posturas que son difíciles de entender. Si el pasar de los coches, a tren de carrera, es perjudicial para los caminos, ¿porque se les permite hacerlo a la vuelta?

“Porque si es una vez sola, los caminos se estropean menos”, de seguro contestó algún torpe lenguaraz, sin embargo, este conflicto nació con el primer Gran Premio, el de 1910, que era corrido solo en un sentido, es decir, hacia Córdoba…

Entonces, ¿porque el boicot contra esta competencia, en los años anteriores, si solo se quería correr en el mismo y único sentido?

En fin, “cosas que pasan”, como dice José Larralde…

Hay que reconocer, que el sistema de recorrido en plan de “excursión”, era positivo, por cuanto les proporcionaba a los corredores, corregir alguna que otra cosita en los coches, y sobre todo, para realizar un último chequeo al estado e los caminos, y memorizar bien, aquellos trayectos difíciles de superar, ya sea en su trazado, o su topografía.

El día 19 de enero, se dieron a conocer las bases del reglamento para la nueva edición del gran premio, este se iba a realizar entre los días 14 al 20 de febrero, y se cubrirían 4 etapas para llegar hasta Córdoba.

Al igual que en la edición de 1910, se largó desde plaza Congreso, para arribar a Córdoba capital, desde donde se largaría la carrera propiamente dicha. Los organizadores, creían que las clásicas lluvias de verano habían quedado atrás, pero la Madre Naturaleza, todavía no andaba agarrándose de los pelos con el calentamiento global, y haciendo alarde de su memoria, las lluvias iban a volver a decir presente.

Los corredores salieron aquél 14 de febrero, a las 04:00 desde plaza Congreso, para recorrer tranquilos, las localidades de Flores, Liniers, Ramos Mejía, Haedo, Morón, Ituzaingo, Castelar, Merlo, General Rodriguez, Luján, Carlos Keen, Ruiz, San Andrés de Giles, San Antonio de Areco, Capitán Sarmiento, San Pedro, Castro, El Paraíso, Ramallo y Sánchez, para terminar el día en el primer control, designado en San Nicolás, y allí, pasar la noche.

El día 15 de febrero, la caravana debía salir hacia Theobald, Empalme Villa Constitución, Pavón, Fighiera, Arroyo Seco, Alvear y Coronel Aguirre, para arribar a Rosario, el lugar elegido para el segundo control, y después de pernoctar, el día 16, los muchachos volverían al camino para pasar por Ludueña, Fisherton, Roldán, Carcarañá, Correa, Cañada de Gomez, Las Trojas, Armstrong, Tortugas, General Roca, Marcos Juarez, Leones, San Marcos, y Monte Leña, llegando a Bell Ville, el lugar del tercer control.

Al otro día,  el 17, todos pasarían por Morrison, Ballesteros, Ramón Cárcano, Villa María, Tío Pujio, James Craik, Oncativo, Laguna Larga, Pilar, Río Segundo, Toledo y Ferreira, arribando a Córdoba capital, para dar por finalizado allí el viaje de ida, para largar el día 19 hasta Rosario, siempre utilizando el camino a la inversa.

Debían de largar el día 20, la segunda etapa de desde Rosario, para finalizar la carrera el mismo día, al arribar al último control, ubicado en la localidad de Castelar, frente a la estación del Ferrocarril del Sud.

Algo digno de aplausos, fue la decisión de legalizar el manejo del coche, de parte del acompañante, en caso de que el corredor estuviese de acuerdo, y el acompañante, en condiciones de hacerlo. Solo bastaba con que ambos fuesen anotados para tripular el mismo coche.

Tiempo después, ¡Cuándo no!, se volvería a la manera “tradicional” haciendo caso omiso a ese extraño accionar de algunos, que asegura : “¿Para que hacer las cosas bien, si se pueden hacer mal?”

Pero entonces, si ambos, corredor y acompañante, después de hacer una parva de kilómetros, se encuentran punteando y se descompone el corredor, un ataque de presión arterial, por decir algo, y están a minutos de la línea de llegada, y a las puertas de la gloria…

¡ NADA, ABSOLUTAMENTE NADA !

Pero, suponiendo que el conductor, faltando algunos kilómetros para llegar, hubiese sufrido la entrada de polvo en sus antiparras y quedase momentáneamente enceguecido por la tierra, al tomar contacto con sus ojos, (y por consiguiente, en desventaja para manejar), ¿ellos terminarían privados de la victoria largamente merecida?

¡POR SUPUESTO!

No hablemos entonces, de ganar así una carrera, sino al menos, de una modesta etapa, que servirá para ayudar a ganar algunos puntos, o  un poco de dinero, para suavizar los gastos… ¡NADA, ABSOLUTAMENTE NADA !

Parece que a las autoridades del A.C.A., les corría aceite lubricante por las venas en vez de sangre, al momento de redactar este tipo de leyes…

¿Quiénes se anotaron para correr aquél Gran Premio?

Bueno, en el listado de participantes, figuran apellidos ya consagrados en el automovilismo deportivo, como por ejemplo el ganador de la anterior edición, Abel Irineo Poblet, los hermanos Federico y Alberto Roth, Luis Dartiguelongue, Victor Laborde, Diego Basset…

También se anotaron otros, que si bien no tenían anteriores participaciones, pusieron su granito de arena, como ser Rufino Basavilbaso, Arnaldo Albertolli, Mr Arnot, y un muchacho que iba a dar, con el paso de los años, mucha tela para el corte: Ermanno Blanchiardi.

Por supuesto, la posibilidad de un cambio de las fechas en la carrera, para poder esquivar las clásicas lluvias de verano nunca fue tenida en cuenta, a pesar de los grandes contratiempos sufridos en las ediciones anteriores, y por seguir empecinados en realizar la misma, en los primeros meses de cada año, así les fue. La carrera se terminó yendo nuevamente al tacho.

La famosa “Comisión de caminos”, formada por Diego Basset, Luis Carlini y Rufino Basavilbaso, hicieron el recorrido de inspección, sin encontrar problemas de importancia, así que ¿para qué tomar mayores medidas?

Llegó el gran día, y salieron contentos los muchachos, pero a  la altura de San Pedro, otra vez, una enorme cortina de agua volvió a ser la protagonista…

Desaparecieron las huellas del camino, y otra vez la misma impotencia, y un nuevo fracaso, que volvía a cubrir con un triste manto negro, la pobre capacidad de organizar con un simple criterio correcto, una carrera de automóviles, de parte de las autoridades del A.C.A.

Pero lo peor, aún estaba por llegar, cuando la Comisión Directiva se encogió de hombros, e hizo oídos sordos al desestimar de lleno los telegramas que caían en sus manos, en los cuales se les informaba sobre la imposibilidad de seguir adelante.

Otra vez se volvía a dejar de lado a quienes  ponían el lomo de lleno, en medio del barro, la actitud de esconder un nuevo fracaso, podía más.

Entre los propios corredores, no había una postura en común, mientras algunos decidían no seguir, Don Luis Dartiguelongue y Blanchiardi, acordaron seguir cinchando, y moviéndose casi a paso de hombre, lograron a duras penas, llegar hasta San Nicolás.

Algunos con más suerte, como Abel Poblet y Diego Basset, alcanzaron Rosario, pero a causa del terrible estado del camino, no se animaron a continuar.

Paralelamente a esta triste realidad, en Buenos Aires, fallecía Benito Belcaguy, presidente del Moto Club Argentino, y secretario honorario del A.C.A., triste hecho, que sin embargo, fue utilizado, tanto por Poblet, como por Basset, para ponerles “la tapa” a los insensibles telegramas, que enviados desde lugares secos y confortables, continuaban ordenando “seguir adelante”.

La excusa perfecta estaba en sus manos, por eso, ambos corredores, decidieron telegrafiar a las autoridades de la carrera, informándoles de manera solemne, que desistían de continuar con la carrera, en señal “de duelo”, a causa de la muerte del señor Belcaguy…

Hecha la ley, hecha la trampa, reza el viejo dicho, es decir:

“¿Nos obligas a seguir revolcándonos en el barro de tu desidia y abandono? Pues entonces, renunciamos nosotros, a seguir en señal de duelo, sin que puedas culparnos, por actuar en señal de rebeldía”

A todo esto, Dartiguelongue y Blanchiardi seguían luchndo a brazo partido por seguir adelante, y ya se encontraban en Rosario.

Soy de los que creen en las decisiones tomadas con el corazón en la mano, pero lamentablemente, desde que el mundo es mundo, hay quienes se cuelgan de algunos, para castigar a otros…

No se puede tildar ni por asomo, tanto a Dartiguelongue como a Blanchiardi, de “carneros”, por aventurarse a seguir.

Pero estos dos casos, sirvieron de ejemplo para que se acuse a los demás corredores de “entorpecer” el desarrollo de la carrera.

A todo esto, Dartigue y Blanchirdi, hacían esfuerzos sobrehumanos para seguir arrastrándose hasta Córdoba, cuando acabaron por comprender también, que ya no había más por hacer.

Sin embargo, y después de tanto esfuerzo, ambas tripulaciones fueron tratadas por las autoridades del A.C.A. como “díscolas”…

¿Les parece que exagero? Lean entonces, el telegrama que despacharon a manera de “circular”, a todas las estaciones del Ferrocarril Central Argentino, en donde estaban detenidos los corredores, algunos por allá, otros más lejos, en fin…

“El Automóvil Club Argentino, ha resuelto, EN ATENCION A LA FALTA DE CUMPLIMIENTO, DE PARTE DE LOS CORREDORES DE LAS ETAPAS, TAL COMO LO ESTABLECÍA EL REGLAMENTO DEL GRAN PREMIO, SUSPENDER DICHA PRUEBA, HASTA OTRA OPORTUNIDAD.          Siendo la situación de los corredores, la siguiente”:

Alberto Roth : retirado en Luján

Federico Roth : retirado en Luján, siguiendo como “amateur” hasta San Nicolás.

Arnaldo Albertolli : retirado en San Pedro.

Abel Poblet : retirado en Rosario.

Diego Basset : retirado en Rosario.

Rufino Basavilbaso : no salió.

Luis Dartiguelongue : retirado en Córdoba.

Ermanno Blanchiardi : retirado en Córdoba.

 

“Todos los automovilistas, menos Dartiguelongue y Blanchiardi, faltaron en la primera etapa, Dartiguelongue y Blanchiardi, en la tercera”

“Por circular telegráfica, se comunica esta resolución a los corredores y a los comisaros deportivos de la carrera”.

Fue el colmo de la hipocresía, culpar de manera exclusiva, la actitud negativa de los corredores, sin incluir en dicho telegrama, el lógico motivo por el cual, los corredores se veían imposibilitados de seguir adelante, lo cual, automáticamente, hubiese eximido de toda responsabilidad a las tripulaciones…

Pero no, para algunos, siempre es mejor regalar culpas propias, al no encontrarlas ajenas (…)

Nuevamente, fracasaba la organización de una nueva edición del Gran Premio…

No podemos saber a quién le pareció apropiada, la idea de darle un final medianamente decente a este Gran Premio, ni porqué en ediciones anteriores, no se tomó, la misma “salvadora” decisión…

Pero se acordó poner en práctica, la idea de utilizar como escenario, al Hipódromo de San Martín, una modalidad que ya se venía utilizando desde hace algunos años atrás.

En efecto, el trazado de algunas de estas pistas, servía por aquellos tiempos de circuito para realizar carreras, tanto de autos, como de motos.

Si nos ponemos a ver, la primera carrera de corte oficial, allá por 1901, se había realizado también en un lugar semejante…

Es verdad, el lugar nada tenía que ver con el recorrido clásico de un Gran Premio, pero con tal de salvar las papas del fuego…

Este tipo de lugares, tenían ciertas características que podían tomarse como positivas, como ser:

Suficiente lugar, para albergar una buena cantidad de público.

Sectores de “boxes” a una corta distancia.

Ayuda médica en caso de ser necesaria.

Posibilidad de obtener registros de distancia recorrida y de velocidad máxima con mayor exactitud.

Ausencia de conflictos con diferentes municipios a causa del uso de caminos públicos para organizar competencias de velocidad.

Posibilidad de cobrar entrada, para así, tener disponible dinero suficiente para utilizarlo como premio al ganador, o en su defecto, para ayudar a cubrir los gastos generados por la organización de la carrera, independientemente del costo de la inscripción.

 

Pero también había puntos negativos:

 

Falta de experiencia de los corredores, para poder desarrollar buenos desempeños en el trazado a cubrir.

El suelo de arena, hace por momentos difícil, el llevar al auto en la dirección deseada, como también soportar problemas de tracción por las características del suelo blando.

Curvas relativamente cerradas para maniobrar en velocidad, lo que se tradujo en varios vuelcos, y fatalidades.

 

Se decidió que este segundo Gran Premio, tuviese una extensión de 500 kilómetros, algo desmesurado para el momento, ya que las carreras realizadas en este tipo de escenarios, solían durar incluso, menos de la mitad de tiempo, ya que el suelo no resistía el castigo de los neumáticos finos, que lo surcaban fácilmente.

El problema, fue que el Hipódromo de San Martín solo estaría realmente disponible para principios de junio, así que hubo que esperar cuatro meses, para terminar el Gran Premio.

¿No se les fue la mano, al esperar tanto para terminar la carrera?

Seamos un poco piadosos, al menos se les ocurrió terminarlo….

¡No me quiero imaginar el mareo de los corredores, después de dar tantas vueltas!

La carrera la ganó el joven Mario Filippini, con un F.I.A.T.

Filippini, era un corredor que ya tenía cierta experiencia corriendo en este tipo de lugares, si bien se lo conoció como un corredor arrojado, hoy día resulta difícil creer que con su máquina, sobrepasó los 78 kilómetros de promedio horario.

Un poco porque el suelo no daba muchas garantías de grandes promedios, y otro poco, porque ese promedio, hace suponer una velocidad mucho más elevada en las rectas, sin olvidarnos de la exigencia que tuvo que soportar el coche, durante unos impiadosos 500 kilómetros.

Los riesgos de correr en este tipo de lugares, hacía que de vez en cuando, algún coche quedara  tumbado, cuando no volcado, debido a la amortiguación deficiente para doblar medianamente rápido sobre las curvas.

Y fue así, que a los pocos meses de adjudicarse el Gran Premio Nacional de 1915,  Mario Filippini pierde la vida en un fuerte vuelco, en medio de una competencia de estas características.

Más de diez años tendrían que pasar, para que nuestro automovilismo logre tener su primer autódromo, y aunque esa es otra historia, lo cierto es que nunca más, se volvió a utilizar un trazado cerrado, para realizar de principio a fin un Gran Premio.

Para bien o para mal, esta clase de experiencia, no volvería a repetirse.

El gran Premio Nacional, había nacido para medirse unos con otros, en medio de la inmensidad de nuestro noble territorio, y así acabaría sus días, al igual que el colibrí, que prefiere perecer, antes que vivir enjaulado. (…)

 

Nicolás Lucas Barón.

Las imágenes que ilustran esta cuarta entrega, de abajo hacia arriba nos muestran las figuras de Luis Dartiguelongue y Ermanno Blanchiardi, junto a Mario Filippini, protagonistas cada uno, en este extraño Gran Premio Nacional partido en dos.GRAN PREMIO CORDOBA 4 NOTA 5 GRAN PREMIO CORDOBA 4 NOTA 4 GRAN PREMIO CORDOBA 4 NOTA 3 GRAN PREMIO CORDOBA 4 NOTA 2 GRAN PREMIO CORDOBA 4 NOTA 1 GRAN PREMIO CORDOBA 4 NOTA

Los dos primeros, por ser los que más lejos llegaron en la primera parte de la carrera, y el último, por ser el ganador de la segunda edición de la misma carrera.

También vemos la imagen de la portada del reglamento, dos imágenes que reflejan la lucha mano a mano de los corredores en plena curva, y la primera, que muestra a uno de los coches que participaron aquél 6 de junio, en pleno reabastecimiento.

Los esperamos a todos en nuestro sitio de encuentro, la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich, para disfrutar de la quinta parte, en la cual vamos a ver como fue el Gran Premio Nacional de 1916.

¡Hasta la próxima entrega!

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