LA HISTORIA DEL GRAN PREMIO NACIONAL A CÓRDOBA – SEXTA ENTREGA: 1917-1918-1919 Y 1920.

Desde hace un tiempo a estos días, suelo encontrarme con cierta insistencia, al rechazo por la idéa de formar parte de un mundo globalizado.

Sin embargo, qiuienes sostienen esta postura, parecen olvidar que el mundo en el cuál habitamos es uno solo, que aunque no nos guste, para bien o para mal, formamos parte de él, y no hay manera de escapar de los grandes acontecimientos que sucedan dentro de él ,   porque estos, tarde o temprano, nos van a alcanzar (…)

Esto fué lo que sucedió en nuestro país, en el período que va desde 1914 a 1918, marcado a fuego por la primera guerra mundial.

Es verdad que amainamos mucho el sufrimiento resolviendo adoptar una posición neutral, pero así y todo, fué imposible escapar de los coletazos de semejante catástrofe internacional.

La recesión económica comenzó a notarse de menor a mayor medida, hasta que nuestra economía, dependien- te en gran medida, a los impuestos del modelo agro-exportador, y a los aplicados a todo producto terminado, a medio trminar, o a la materia prima, que por esa época llegaba de otros paises, en tiempos de escasa producción nacional, comenzó a decaer al verse muy reducido el táfico marítimo.

El golpe de gracia, lo terminó dando el ciudadano de poder adquisitivo medio hacia arriba, al achicar su caudal de gasto, para poder al menos, conservar el mismo poder de ahorro, y así poder afrontar los tiempos económicamente difíciles que había que transitar.

Toda esta rueda especulativa, obró para que nuestro floreciente parque automotor se viera prácticamente paralizado.

¿Quién compraría un automóvil nuevo, sin prestar atención, a los momentos que marcaban con mal ritmo, el paso de aquellos años?

La industria europea, ya había paralizado por completo toda fabricación de autos para uso particular, solo salían de las fábricas vehículos utilitarios para usarse en la contienda.

Incluso, en algunos paises del viejo mundo, allá por el período 1913-1914, si alguien compraba un camión o un furgoncito cerrado, debía firmar un acta, en la cuál, en caso de que su país entre en guerra, el comprador estaba obligado a entregar su compra, para que formase parte de una flota al servicio de aquellas fuerzas armadas, devolviendose, una vez terminado el conflicto a su verdadero propietario, siempre y cuando haya quedado en servicio, y no haya caído, presa de las fuerzas enemigas…

Era de esperar, que las importaciones de todos los productos emparentados con el automovilismo, de origen europeo, dejaran de ingresar…

Y esto pasó no solo con los vehículos nuevos, sino también con las cubiertas, cámaras, lubricantes, combusibles, repuestos de todo tipo, en fin, nada, absolutamente nada…

Si quedaban remanentes, se vendían allá para el parque automotor europeo, y si sobraba algo, nadie quería arriesgarse a traerlo.

¿Por que?

En los primeros meses de la guerra, desde los EE.UU, partían los transatlánticos de pasajeros, ocultando en sus bodegas armamento y municiones para los británicos, (algo prohibido por aquellos días),  el servicio secreto de espionaje alemán, al descubrir estas acciones,informa al alto mando, y el gobierno alemán, denuncia esa práctica encubierta, y ordena a  su flota de submarinos, hundir  todo buque mercante o de pasajeros, que transite por aguas en conflicto, aunque su bandera sea la respectiva a un país neutral.

Como podemos ver, no había forma alguna de poder modificar esa realidad.

Por otra parte, la industria norteamericana, no entraría en guerra sino hasta bien entrado el año 1917, y gracias a su gran poder industrial, las fábricas de automóviles no se vieron forzadas a suspender su producción.

Ellos pudieron, no solo abocarse a la fabricación de material bélico, sino también alimentar la demanda de su gran parque automotor , que era cosa seria,  además de enviar pequeñas partidas de sus productos.

Pequeñas, no por falta de unidades disponibles para exportar, sino por la falta del dinero de nuestra parte para poder adquirirlas.

Nuestro pequeño sector acaudalado, que si pudo costear el precio de un automóvil nuevo, no consideró oportuno exponerlo al castigo que habría de recibir en plena carrera, sabiendo de antemano, de la necesidad de conservarlo para el uso cotidiano, ya que era evidente que tarde o temprano, también EE.UU. se vería obligado a ingresar de lleno en aquél conflicto bélico.

A pesar de todo, se realizó en nuestro suelo, alguna que otra flaca”competencia”, con mas pinta de cuadrera que otra cosa, pero por supuesto,nada comparable a nuestro Gran Premio Nacional.

Estre triste panorama pudo mas que cualquier lluvia, que los macabros pantanos, que la incompetencia de los organizadores, que el paupérrimo premio destinado a los vencedores…

En fin, el horror y la locura generalizada, habían ganado.

Así transcurrieron los años 1917, 1918, y 1919.

A pesar de que la guerra termina oficialmente el 11 de noviembre de 1918, hubo de esperar bastante tiempo para que las industrias europeas puedan volver a sus lineas de montaje, como en los tiempos de paz.

Pero la semilla automovilística norteamericana, ya estaba sembrada y comenzaba a germinar.

En 1917, aprovechando el vacío dejado por la falta de automóviles europeos, se funda la Ford Motors de Argentina…

La marca de automóviles, fabricante de motores de 4 cilindros mas grande del mundo, hacía su presentacion oficial…

Y para 1919, se funda también en nuestro suelo, la Studebaker Corporation of America, la empresa mas grande del mundo fabricante de motores de 6 cilindros…

A decir verdad, el automovilista promedio, obtenía más por su dinero, al comprar un auto norteamericano, que de uno europeo.

No quiero que piensen que soy un negador de las mecánicas europeas, nada de eso…

Simplemente, la topografía de los EE.UU.es muy similar a la de nuestro país, y esa es la razón principal, por la cual los aautomóviles norteamericanos lograron vencer en el día a día.

Además, al ser fabricados en mayores cantidades, eran mas baratos, y al existir muchas marcas destinadas a la clase obrera en el país del norte, para acercar un auto a cada familia trabajadora, mas coches pudieron ingresar acá, dando al parque automotor una variedad y cantidad de marcas, cuya mayoría, estaba al alcance de un comprador promedio.

Con la llegada de las marcas norteamericanas, también llegó algo que ayudaba a los argentinos a comprar un auto: la venta a plazos, por mensualidades, algo de lo más común en el país del norte…

Imagínense ustedes, se podía comprar un coche para ponerlo a trabajar, o un camioncito, y con la ganancia mensual, se pagaba solo. Ya no era necesario tener que desembolsar el 100% del valor del auto antes de sacarlo a rodar…

Y las lineas bajas de las carrocerías, los colores vistosos..

Es verdad que la punta de lanza fué el modesto Ford modelo T, negro hasta en los sueños, pero uno de estos valía 2 veces menos que un Renault de los modelos chicos…

¿Quién podía competir con ellos, en cuanto a calidad de servicio?

Y fué asi, que lo que se comenzó a ver en las calles, pronto empezó a hacerse notar en la linea de largada…

Esto es tan evidente, que sacando al Gran Premio Nacional de 1920, que no llegó a terminarse, quedarán 11 ediciones de esta clásica carrera, por la famosa ruta que unía al norte de la provincia de Bs As, Santa Fé y Córdoba, y de todas ellas, solo en una edición, la de 1931, se vería victorioso a un automóvil europeo. Las 10 restantes, serían victorias de los automóviles  de fabricación norteamericana.

Ahora vamos a ver que pasó en el Gran Premio Nacional de 1920…

A diferencia de las ediciones anteriores, esta se programó para el mes de noviembre, el día 2,se cerró la inscripción, y se anotaron 39 tripulaciones, fíjense ustedes, que diferencia tan grande, comparando a la decena en promedio, que se anotaba en las ediciones anteriores, y la presencia de automóviles americanos, aventajaba por mucho a los europeos, que no pasaron de la decena…

La carrera volvía a dejar fuera del recorrido al trayecto a Córdoba, pegando la vuelta en Rosario, como las últimas dos ediciones.

Se largaría el día 6, y el señor Alberto Magnasco, había donado para el vencedor, el troféo “Dr Osvaldo Magnasco”, en memoria de su padre, un encumbrado hombre de leyes y del quehacer nacional, que había encontrado el fin de sus días un par de meses antes.

Pero de vuelta aparece el temita de las lluvias, y la verdad que esta vez, San Pedro se despachó de lo lindo, porque los caminos quedaron tan inundados, que se pospuso la carrera para el día 13, es decir, una semana mas tarde, convencidos los organizadores, de que todo estaría en su lugar para ese día…

Pero llegó el día 13, y la lluvia seguía cayendo como si nada…

Los más experimentados, sabían muy bien lo que los esperaba tierra adentro, en cambio, algunos inocentes muchachotes, por demás de optimistas, pensaban que con un buen auto, todo quedaba atrás.

Pecados de juventud, son esos que todo lo ven, con ojos demasiado entusiastas…

Pero parece que el entusiasmo desmedido se volvió contagioso, porque el día 14, después de varios tira y afloje, un fallo salomónico de la tan mentada Comisión Directiva del A.C.A., se mandó la grán “Poncio Pilatos” demostrando una vez más, lo grande que le quedaba el traje…

Fíjense sino, que los sabios de la Comisión, decidieron hacer exponer el parecer de cada piloto, sobre su aprobación o reprobación a formar parte de la salida, dejando plasmada su decisión en una hoja, la cuál sería el documento todopoderoso que los organizadores necesitaban para lavarse las manos…

Quienes fuesen mayoría decidirían si se largaba o no…

Cuántos intereses en juego, ajenos al verdadero sentimiento deportivo, estaban danzando en el ambiente, como para dejar de lado al sentido común (…)

La verdad: si lo que se perseguía, era el triunfo del deporte de la velocidad en nuestro país, como es posible que los encargados de hacer valer el espíritu de ese ideal, terminaran obrando en contra del mismo? (…)

Por supuesto, que al no encontrarse autoridad competente que pusiera las cosas en su lugar, llegó el desastre que se veía venir; fueron más los “entusiastas”, que los “experimentados”, el A.C.A. se abrió de gambas, al agitar con rotúndo “carácter democrático” la papeleta firmada por todos, y los corredores, obligados a bañarse nuevamente en el barro de los ciegos, de la verguénza y del abandono…

Como por aquellos tiempos, decidir bajarse de una carrera,que todavía ni se habia largado, no era un gesto que muchos aplaudieran,  varios decidieron correr, pese a estar en lógico desacuerdo.

Y los integrantes de una de aquellas tripulaciones, que igualmente decidieron peludiar con el barro, fué la integrada por Raúl Riganti al volante, acompañado por su entrañable amigo Ernesto Hilario Blanco, quien con esa memoria de elefante que supo tener, le cuenta al grán “Borocotó″ (Ricardo Lorenzo Rodriguez) , maestro de oro, de nuestro periodismo deportivo, el tole-tole que se armó en ese Gran Premio:

- “Salimos con cadenas en las cuatro ruedas, ibamos en un Dodge de ruedas altas, macanudo para el asunto, y habíamos trabajado toda la noche anterior, colocandole unos guardabarritos delanteros hechos con lona, los que duraron muy poco.

Al primero que vimos metido en una zanja, fué al escritor teatral, Julio Escobar, cinchando con un aparejo para traer de nuevo al auto en el camino. A ese, no le dijimos nada, porque no era “del gremio”…

Pero a los otros que estaban empantandados y fueron de los que firmaron para que se largara…. ¡Las cosas que les decía Raúl!

“¿Así que vos querías largar?” (ristra de puteadas, que Don Ernesto no repetía por educación) ….

” ¡Dios quiera que te ahogués en la zanja !”

A veces me le pegaba a la rueda y los insultábamos a dúo. Yo creo que los postes de quebracho no eran de color rojo, pero quedaron así al escucharnos ese día. (…)

Por Luján era un diluvio, sobre el empedrado, el agua subió tapando el piso del coche, y como íbamos en un baquet de carrera, imaginate como estabamos, no teníamos nada seco.

De Cucullú a San Andrés de Giles, existía un terraplén muy alto, con uas zanjas muy hondas a los costados. Por allá vimos algunos coches de los que solo asomaba apenas el volante de la dirección. (…)

Y fué en una de esas zanjas que se cayó “El Potro” D’annunzio, cuando enceguecido por el barro, enderezó su coche hacia el almbrado, en vez de venir para el camino, y se iba hundiendo, hundiendo, hasta que pasó por allá Pedrito Malgor y le pegó el grito, luego le tiró un lazo varias veces hasta que “El Potro” pudo agarrarlo, y lo trajeron al camino, que era como decir la costa.(…)

Ya ves, se ahogaba. Seguro que se ahogaba en una carrera de automóviles.(…)

A Cassoulet lo sacó una yunta de caballos y consiguió llegar a San Antonio de Areco, pero al llegar a un puente, del que solo se veía una parte de las barandillas, un policía lo paró.

-”No pueden pasar, al piso del puente se lo llevó la correntada”.

Y así termino aquél gran premio, no llegó nadie”.

y lo que le pasó a Eugenio Cassoulet, el corredor hermano menor de Juan, el ganador del primer Gran Premio, no tiene desperdicio.

Antes de llegar a la entrada del puente, donde terminó aquélla carrera, venía luchando a brazo partido con los pantanos, hasta que la naturaleza pudo más y quedó por demás de encajado, a poco de encarar aquél terraplén que mencionaba Ernesto Hilario Blanco…

En medio de la inmensidad, y solo con la ayuda de su acompañante, quedaron mirando al rededor, para lograr localizar a lo lejos, la pequeña silueta de un ranchito…

Y allá fué Eugenio, tambaleandose en medio del barro por demás traicionero para hacer pié, después de un buen rato de caminar, va llegando a aquél ranchito, y puede ver a un gaucho solo, debajo del alero, mientras tomaba mate y observaba la inmensidad…

Después del obligado saludo respetuoso, Cassoulet no pudo menos que suplicarte al gaucho su ayuda:

-”¡Por favor paisano, ayudeme con su caballo a salir de la encajadura!”

-”¿Por qué no anda a caballo?” (…)

-”¡Mire que estoy en carrera!”

-”¿Carreras hoy?…. Vea que tienen caprichos los puebleros”….(mientras seguía dandole al cimarrón, y mirando llover).

-”¡Por favor!” le suplicó Cassoulet, faltando poco para que se arrodillase en el barro pa’ suplicarle…

-”No se apure…. Si totál, no va a llegar….. ¿Un matecito.

Después de semejante “amanse”, que le pegó ese gaucho sabio a Cassoulet, trajo los caballos y lo sacó de la encajadura…

Pero tenía razón aquél hombre… No iba a llegar….

Nicolás Lucas Barón.

Las imágenes que acompañan la entrega nos muestran a Ernesto Hilario Blanco, Raúl Riganti, Eugenio Cassoulet, y a la famosa papeleta con las firmas de los corredores.nota 2017 4 nota 2017 3 nota 2017 2 nota 2017 1 nota 2017

Espero que les haya gustado esta entrega, tan llena de historias, anécdotas y recuerdos del ayer, que tanto ustedes como Edgardo y yo, luchamos a brazo partido para que nadie las pueda olvidar….

A partir de la próxima entrega, nos vamos a encontrar con que todas las ediciones restantes, pueden realizarse, muchas veces a duras penas, pero pueden al menos terminar, lo que ya es mucho, viendo todo lo que hasta ahora hemos visto.

Les mando un fuerte abrazo a todos los lectores, les deseo de todo corazón un feliz año nuevo, y los espero acá, en el sitio web del petit museo de nuestro amigo Edgardo Omar Roglich.

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