AUTO CLUB BALCARCE: Resolución

De mi consideración:
Me es grato enviarles adjuntas al presente (escaneadas), Resolución de la Dirección de Personas Jurídicas y posterior Sentencia confirmatoria (rechazo de apelación del presidente del Auto Club Balcarce) emanada de la Cámara 2° en lo Civil y Comercial Sala II de la Plata.-
1) BREVE INTRODUCCIÓN: El 13/07/2013, en mi condición de Socio del Auto Club Balcarce, presenté una denuncia ante la Dirección de Personas Jurídicas de la Provincia de Buenos Aires, ante la existencia de lo que consideré actos ilegítimos emanados de miembros de la Comisión Directiva, en mayor medida del Presidente y en Menor medida del Secretario. Por medio de dicha denuncia, se cuestionó la inclusión dentro del acta de una Asamblea realizada el 20/09/2012 (convocada en verdad para otros fines), la autorización para enajenar el predio de la Entidad de más de 21 hectáreas de extensión, en el que se encuentran emplazados ambos Kartódromos y distintas instalaciones. La cual habría sido utilizada a posteriori, para otorgar una escritura de venta por $ 159.358, a favor de la Sociedad Faro la Providencia S.A., de la cual era directivo y accionista el propio Presidente del Club (en esa misma época).-
Asimismo, en la referida denuncia también se impugnó una sanción, por la cual se pretendió imponerme la exclusión como Socio Activo del Auto Club Balcarce.-
2) RESOLUCIÓN DEL 17/12/2014: Emanada de la Sigue leyendo
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Primer Baquet Treffen del mundo

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Finalmente se realizó en Esperanza, el primer Baquet Treffen del mundo. ESPERANZA AUTOMOVIL CLUB concretó el sueño de su vicepresidente José Kestler, y quiere  agradecer a todos los que colaboraron para que nuestro Primer Baquet Treffen “Tributo a los Pioneros” , fuera un Sigue leyendo

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COCHES VIEJOS EN VERSOS PARA MEDITAR

Estos versitos, solo están dirigidos, (sin la intención de ofender a nadie, claro está), a quienes, desde sus coches nuevos, se burlan y despotrican, ante el paso de un cochecito viejo…

NUESTROS COCHECITOS VIEJOS

HACE YA MUCHO TIEMPO

QUE DEJARON LAS VIDRIERAS

HOY SON OBJETO DE CULTO

Y NO SON PARA CUALQUIERA.

HAY QUE TENERLES PACIENCIA

PARA HACERLOS FUNCIONAR

YA QUE A VECES, ESTAN “MIMOSOS”

CUANDO TIENEN QUE ARRANCAR.

SU PINTURA NO ES LA MISMA

QUE LA DE TIEMPOS PASADOS

¡PERO QUE FACHA QUE TIENEN

CUANDO BRILLAN SUS CROMADOS!

AL VERLO PASAR, SABEMOS

MUCHOS MUESTRAN SU DESPRECIO

SIN DETENERSE A PENSAR

QUE SE PORTAN COMO NECIOS.

DICEN A BOCA DE JARRO

QUE “OCUPAN MUCHO LUGAR”

ELLOS SON CIENTOS DE MILES

¿QUIEN ESTORBA EN REALIDAD?

SE QUEJAN QUE CONTAMINAN

CUANDO SALEN A RODAR

¿NO LO HACEN MÁS LOS NUEVOS

AL HACERLOS FABRICAR?

A MIS FRENOS DE CAMPANA

SE PONEN A CRITICAR

ELLOS TIENEN “ABS”

¡ Y SE LA PEGAN IGUAL!

SE ENDEUDAN HASTA LAS MUELAS

AUNQUE MUCHOS NO LO DIGAN

Y SE CREEN SUPERIORES

AL TENER TECNOLOGÍA.

ME HA DICHO MAS DE UNO

“YO, EN COMBUSTIBLE AHORRO”

¡REZA ENTONCES, QUE NO FALLE

TU COMPUTADORA DE A BORDO!

DE VEZ EN CUANDO YO DEBO

EN MI COCHE METER MANO

ELLOS, PA’ CAMBIAR BUJÍAS

¡SE RECIBEN DE MARCIANOS!

PARA COMPRAR MIS REPUESTOS

YO TENGO QUE “CAMINAR”

PERO ELLOS VENDEN SU ALMA

AL DEL “SERVICE OFICIAL”.

A DOSCIENTOS FACILMENTE

SUS COCHES PUEDEN LLEGAR

PERO LA LEY LO PROHIBE

¿DE QUE LES SIRVE ALARDEAR?

YO PATENTE YA NO PAGO

SI, TRESCIENTOS DE SEGURO

OTROS, AL LLEGAR LAS BOLETAS

¡YA QUIEREN TOMAR CIANURO!

PERO PRESTEN ATENCIÓN

NO QUIERO POLEMIZAR

SOLO LES PIDO RESPETO

CUANDO SALGO A MANEJAR.

Y AUNQUE SIEMPRE MANEJEMOS

A COCHES BIEN DIFERENTES

TODOS TENEMOS DERECHO

A CIRCULAR LIBREMENTE.

SI LO QUEREMOS CHARLAR

Y YO PIENSO QUE PODEMOS

DEBEMOS SER SOLIDARIOS

POR EL CAMINO QUE ANDEMOS.

DEJEN EL COCHE PARADO

SOLO SI LO NECESITA

CON AMIGOS, SI HACEN TODO

VAN A GASTAR POCA GUITA.

HAY QUIENES YA NO LOS SACAN

ESTAN ESCONDIDOS, GUARDADOS

TAMBIEN SE PUEDEN USAR

AUNQUE ESTÉN MEDIO OXIDADOS.

LO UNICO QUE ME ENOJA

Y NO LO PUEDO EVITAR

ES EL POLÍTICO TONTO

QUE LOS QUIERE COMPACTAR.

Y CREEN PRONTO UNA LEY

QUE LOS PUEDA RESCATAR

ASÍ SERÁN PARA SIEMPRE

PATRIMONIO NACIONAL.

NICOLÁS LUCAS BARÓN

Adorna estos versitos, la foto de mi querido Dodge-Valiant de 1969, mientras posa para la foto el amigo Martín, miembro del “Classic Garage”, de la ciudad de La Plata.dodge nico

Los espero a todos, en la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich, para disfrutar juntos, de la próxima nota, (o del próximo versito).

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CUANDO 15.000 AUTOMOVILISTAS FUERON UNO SOLO.

Parece que en algún momento, las cosas no eran como ahora, aunque yo no quiero caer en el facilismo, de proclamar a los cuatro vientos, que “todo tiempo pasado, fue mejor”…

Pero no puedo dejar de sentirme al menos incómodo, al observar como a los automovilistas, cada día, se les mete la mano en el bolsillo,

La nafta, aumenta de manera iracunda, los controles, se pasan de “eficaces”, llegando incluso a verse cada 200 metros…

A cada rato, salen nuevos gravámenes, que indefectiblemente hay que “acatar”

de buena manera, esto significa, abriendo de par en par la billetera. Dentro de poco, hasta las tasas de las ruedas van a ser objeto de gravámenes….

Uno pasa por la vidriera de cualquier local de compañía de seguros, y si mira fijo a quienes están sentados en las sillas destinadas a los clientes, ya no observa rostros distendidos, o alguna sonrisa ocasional. Las caras son más bien largas, bastante largas, y no es precisamente porque todos llegan a denunciar un accidente a la aseguradora. El precio de las cuotas, es en verdad abusivo…

Todos los que “nos cuidan”, no lo hacen por nuestro bien, sino, por el beneficio propio de lucrar en nombre de la prevención. Nuestro cuidado, en verdad, es un factor secundario, y casi “residual” podríamos decir…

Mantita para cubrir los cuerpos sin vida, chalecos reflectantes,(algunos agentes encargados de hacer cumplir “la ley”, rebosantes de sabiduría ellos, prefieren  los de color naranja, y nos hacen saber que los amarillos “no están homologados”, mientras otros, de la misma calaña, nos contarán el mismo cuentito, pero con los colores cambiados)…

Nuevos modelos de balizas,(como si una baliza con algunos años encima, y en buen estado, no sirviese en absoluto), los famosos botiquines, ( como si sirvieran para salvarnos la vida, en caso de un accidente), y el ticket de compra de los matafuegos, (conozco a varias personas a las cuales se lo han pedido, con tal de agarrarlos en alguna “infracción”)…

Parece que los automovilistas, prefieren amargarse ante la triste realidad, antes que unirse y hacerse escuchar…

El valor de los hechos históricos, no se limita solamente, a evocar momentos pintorescos de los tiempos ya pasados…

LA HISTORIA SIRVE TAMBIEN, PARA APRENDER A NO OLVIDAR LAS ACCIONES  QUE VENCIERON A LA INJUSTICIA Y  EL ABUSO DE PODER.

Estas acciones, no tienen porque ser violentas, tan solo deben de nacer como consecuencia de la simple observación de los hechos, medidos con el sentido común, que en verdad debe de ser el que nos gobierne, como seres humanos que somos.

Entre mis viejos papeles, aparece esta nota fechada en el año 1922, en la cuál, los automovilistas se unieron en protesta ante el atropello de quienes “cuidaban” la seguridad de todos…

Calcemos la primera, larguemos suavemente el embrague, y recorramos esta imperdible historia…

“ ¿Será posible volver a la época de las carretas? ”

Así lo ha decidido el Honorable Consejo Deliberante de la Capital…

¡¡¡ 30 kilómetros por hora !!!

El Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, encontrando que la velocidad de los autos es excesiva, y peligra, la vida de los habitantes por los que cariñosamente vela (…), produjo una ordenanza, aprobada hace unos meses, y que ahora, debe ser promulgada, ya que el feliz fabricante del aparato aceptado para hacer cumplir esta ley, ha tenido el tiempo para fabricarlos, regulando el máximo de velocidad de los automóviles, en 30 kilómetros, por la módica suma de $200- m/n (…)

Que en 15.000 coches, representa la hermosa suma de $ 3.000.000 (…)

La “maquinita” no permite pasar de esa velocidad, y según informes, es un aparato realmente prodigioso que pone de manifiesto el talento e ingenio de su creador (…)

Pero he aquí, que ante el Honorable Consejo, ante la maquinita y su creador, y también ante los 30 kilómetros de velocidad máxima, se levantan los 15.000 automovilistas, y el total de las instituciones que defienden y velan los derechos de aquellos, resuelven enviarle en conjunto, una nota al señor intendente, solicitándole vete la ordenanza aludida.

Y tras ese pedido, viene la huelga total de automóviles, tanto comerciales como particulares, y afirmamos que nunca una huelga, estuvo tan justificada (…)

Por supuesto, “la maquinita”, quedó archivada, ya que el alboroto fue tal, que esta nefasta ordenanza, se vetó de inmediato.

Un grupo de instituciones, representando a los automovilistas, se puso al frente del atropello de quienes se desviven por ejercer el poder, y entre todos, les torcieron el brazo, a quienes “cariñosamente”, velan por todos nosotros…

Ayer, hoy, y siempre…

¿Cuáles son los nombres de esas instituciones, que reúnen  a los automovilistas, y ponen junto a ellos, el pecho ante los abusos del poder?

No se rompan el coco pensando. Esas instituciones no existen.

Quizás, sería bueno que vuelvan a renacer esas entidades, no les parece?

Reflexionemos juntos un rato, en silencio…

Nicolás Lucas Barón.

La imagen que acompaña esta nota, quizás a simple vista no parezca tener nada de especial, pero si nos detenemos un rato, podemos vernos reflejados todos nosotros, “en el mismo lodo, todos manoseaos”, al decir de “cambalache”  MAQUINITA

Los espero a todos,  en nuestro clásico lugar de encuentro: la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.

¡Hasta la próxima nota!

 

 

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ARTURO KRUUSE Y SU HUMILDAD, ANTE TODO. Segunda y última parte.

 

La primera parte de la gesta sin precedentes de Arturo Kruuse, ya estaba lograda, encontrarse en la línea de salida, doblegando a todos los factores negativos, que hubieran achicado a muchos pretendientes a pensar siquiera en largar un Gran Premio.

Esto, era ya una “victoria” para si mismo, lo cuál de seguro, dentro de su ser, originaría una pequeña luz de esperanza.

Porque si había logrado vencer todo lo anterior, ahora, a punto de largar, era ya entre sus pares, uno más en carrera, con las mismas probabilidades que los demás, sean estos, “ases” consagrados, corredores “del montón”, o simplemente, grandes desconocidos como él.

Había llegado la hora de correr, y así recuerda este momento Arturo Kruuse:

“Al momento de largar, nos mostró su cara la adversidad, antes que la suerte. La nafta no llegaba bien al carburador, haciendo nuestra marcha dificultosa. Una valvulita de la bomba de nafta no funcionaba bien, sin embargo, conseguíamos marchar dentro del pronóstico, pese también, al hecho de perdernos tres veces en la ruta (…)   ibamos al tanteo; corríamos por intuición, no llevábamos cuenta de las horas, ni del kilometraje ni del lugar en donde nos hallábamos (…)

Mi compañero se hacía tal confusión con los planos, que decidí no los mirara más. Ala buena de Dios andábamos por esos caminos y juzgo que la suerte nos guió hasta Mendoza colaborando conmigo hasta la meta (…)

Se dice que no hay ganador en una carrera de automóviles, que no haya contado con tres factores a su favor: la máquina, el conductor y la suerte. Y es muy cierto, sin la ayuda de esto último, no hay quien venza, aunque el coche y el conductor sean extraordinarios.

Se dijo que mi victoria se debió a los conocimientos que yo tengo de los caminos de Neuquén. Pero ya exprese, mas arriba, que para ganar es necesaria la unión de una serie de factores determinantes del éxito. Juzgo que he corrido mejor en aquellos lugares en que nada conocía.

Llegar de Mendoza a Santiago a solo seis minutos del hombre que establece un récord como el de Riganti, es performance. Sin desmerecer a nadie, sin animo de ofender, quiero decir que el haber seguido a Riganti en esa marcha vertiginosa y plena de virajes, desniveles, etc, es obra meritoria (…)

Luego, en la etapa de Santiago a Temuco, se pudo correr a 80 de promedio. De haber demorado dos horas la largada, nos habríamos evitado la neblina que resto visibilidad y que impidió la obtención del promedio que yo creo que yo creo muy factible en esa etapa. En ella fue en la cuál debí detenerme a auxiliar a Riganti que había caído medio tumbado en una zanja. Primero intentamos colocar el coche en el camino a pulso, pero nos dimos cuenta de su imposibilidad y fue cuando lo hicimos a remolque.

A la salida de Temuco perdí 24 minutos en un viraje. Resulta que en esos caminos estrechos, a fin de evitar que la tierra vaya cayéndose barranca abajo, suelen ponerse grandes troncos que la sostengan. Pues bien: el Plymouth quedó a caballo de un tronco de esos (…) Ese fue el tropiezo que me hizo perder la colocación, la que mas tarde recuperé hasta llegar a solo tres minutos del ganador de la etapa, que fue Malcolm.

Ya en Neuquén y con varios minutos a mi favor, estaba yo en los caminos que me son familiares. Sin embargo, en ellos no corrí tan bien. Un poco el barro, otro poco por distintas circunstancias, lo cierto es que no cumplí allí la performance que yo esperaba. Es por eso que considero mejor mi actuación en aquellos lugares que me eran completamente desconocidos. A propósito de esto, diré que en Roca, donde conozco bien, me equivoqué de camino precisamente cuando iba punteando.

Al volver a la ruta, ya me habían pasado dos o tres competidores, lo que supone tener que escoltarlos, sin poder, en algunos trechos, correr con la libertad de quien encuentra el camino libre. Además, como sabíamos que había llovido por Río Colorado, era preciso apurar a fin de tener bastante tiempo a favor para salvar las dificultades que se presentarían.

El propósito era bueno, mas no pudo ser cumplido por las circunstancias antes recibidas. De ahí que, en esa etapa de ruta tan familiar para mi, haya perdido 72 puntos (…)

Tropiezos experimentados por los más cercanos perseguidores, me hicieron mantener mi colocación de puntero, y en Bahía Blanca, me encontré con una situación envidiable que en la última etapa trate de cuidar sin preocuparme en el más alto promedio, sino que en conservar mi ventaja. Sabía que marchando a 60 de media, el triunfo estaba asegurado (…)

Referidos aquí, algunos pasajes previos a la competencia y otros relativos a la lucha, el lector tendrá una idea de lo que me ocurrió. Sin embargo, nunca se sabrá todo, porque todo es imposible explicarlo. Hay infinidad de hechos, de circunstancias, de pequeñas cosas que sin muy grandes y a las cuales no he podido pasar revista. Vendrán días de sosiego y en ellos, iré evocando situaciones que ahora están condensadas en esta felicidad que proporciona la victoria (…)

Ella pudo haberle correspondido a cualquiera de los valientes que acometieron la empresa. Se inclino hacia mi lado. Acaso, en luchas sucesivas, cuando la persiga, ella me esquive” (…)

Que sinceridad la de Arturo Kruuse, ¿verdad? Aquello de que “ La suerte se inclino hacia mi lado, acaso, en luchas sucesivas ,cuando la persiga, ella me esquive” nos muestra a las claras, a un hombre completamente conciente de su lugar en este mundo, en el cual, todos pueden ganar o perder, sin importar lo mucho que puedan esforzarse en cambiar sus destinos.

“Cuando nos toca, nos toca”. Por eso es mejor, que nos amiguemos con esta realidad, tanto en las buenas, como en las malas, para no confundirnos y perder el rumbo con nuestras victorias, como así también no desalentarnos y creer que es el fin del mundo, al momento de transitar por las derrotas.

Ese sentido de ubicación, esa humildad tan grande en Arturo Kruuse, es lo que lo convierte en una persona que sobresalió de la media, al momento de aceptar para si mismo, con esa especial filosofía suya, de que uno puede proponer, pero en verdad, “la suerte”, Dios”, o quienes quieran ustedes, es quien dispone…

¿No les parece?

Nicolás Lucas Barón.

Ilustran esta última entrega, dos imágenes: La primera es una simpática caricatura, realizada en el año 1938, en la cuál, Don Arturo nos saluda a todos, mientras conduce con su Plymouth por nuestros caminos; y la segunda es la firma de Arturo Kruuse.  KRUSSE ARTURO 2 KRUSSE ARTURO 3

Espero que todos hayan disfrutado de esta joyita rescatada del olvido, tanto como yo, al descubrirla, y compartirla con todos ustedes.

Volveremos a encontrarnos en nuestro clásico lugar de encuentro, La página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.

¡ Hasta la próxima nota !

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Invitación al 10º Rally de la “Calle Angosta”

CALLE_ANGOSTA

Por este medio nos comunicamos con Ustedes con el fin de invitarlos a participar del:

10º “Rally de La Calle Angosta”
Villa Mercedes – San Luis

Este encuentro tendrá lugar en nuestra querida ciudad, y se llevará a cabo los días 30 de abril, 1, 2 y 3 de mayo.
Este año, A.V.A.Vi.M, celebra su décimo Rally, y para agasajar a los “amigos” ha decido hacer un encuentro diferente. Le sumamos un día y nos orientaremos al paseo, turismo y visitas a lugares importantes de nuestra provincia.
Solicitamos tener en cuenta que por razones de Organización el cierre de Inscripción SIN EXEPCION es el día Martes 22-04-15.

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ARTURO KRUUSE , Y SU HUMILDAD, ANTE TODO.

En la historia de nuestro querido automovilismo deportivo, podemos ver, con el paso de los años, el desempeño de los corredores, a lo largo de sus carreras…

Están los que fueron muy exitosos, los exitosos, los que siempre “estuvieron” en la pelea, los que siempre “acompañaron”, en el pelotón del medio, los que siempre fueron “cola”…

Pero la carrera de Arturo Kruuse, fue difícil de comparar, porque en su debut como corredor “hecho y derecho”, noqueó a la adversidad de un solo golpe, certero, directo, y se llevó en su primer intento, el Gran Premio Internacional Bs.As.- Chile- Bs.As. de 1935…

Anteriormente a este increíble logro, único en la historia de nuestros grandes premios de carácter internacional, Kruuse solo se había animado a “correr” una carrera, que mas que nada, tenía mucho de raid, con automóviles “standard”, entre la localidad de Florencio Varela, y la ciudad de Mar del Plata, para terminar volviendo a Florencio Varela.

A los “bólidos”, solo se les permitía quitar la capota, y después, salían al camino igual que como lo hacían del concesionario. Corría 1927, y su performance, no fue algo como para alquilar balcones…

Mucha agua pasó bajo el puente en aquellos 8 años de la vida de Kruuse. En aquél tiempo, era representante de los automóviles Whippet, y su agencia estaba ubicada en el barrio de Flores…

Las ventas se hacían rogar demasiado, y partió con su familia hacia el sur, para tomar entre sus manos, el desafío de emprender una nueva vida, en medio de las inmensidades, la nieve, el frío, la Cordillera, y la imponente naturaleza, que allá, en los pagos de Zapala, es la reina indiscutida de todo (y de todos)…

Allí, junto a su mujer, armó un modesto tallercito mecánico, con servicio de auxilio a remolque, y de esa manera, se dedicó a disfrutar de la vida…

Las cosas fueron mejorando paulatinamente, y en base a sus ahorros y al esfuerzo necesario para progresar, en un medio tan difícil de sobrellevar, como lo eran aquellos parajes alejados de la mano de Dios, Kruuse abrió su local de cochecitos usados, y venta de accesorios…

Todo transcurría sin sobresaltos para la feliz familia, hasta que la noticia, de que “El Gran Premio” iba a pasar por Zapala, lo dejó sin sueño por varias noches…

Pero mejor dejemos que Kruuse, nos lo cuente en primera persona, con esa sinceridad, simpleza, y humildad, que lo hicieron, un ser apreciado y respetado por todos: corredores, desconocidos, clientes, amigos… En fin, por todos.

Gracias a mi afán de coleccionar material gráfico original sobre automovilismo, el de aquellos tiempos pasados, llegó hasta mi, este artículo, escrito de puño y letra por el mismo Arturo Kruuse, en ocasión de contarnos a todos, lo vivido en aquellos días previos al Gran Premio, la competencia misma, y sus sensaciones, una vez terminada la disputa, que lo señalaría como al vencedor.

Acá va, entonces, la primera parte de esta linda nota.

“Aquél que experimentó en si, la necesidad de competir en pruebas automovilísticas, aunque alejado de ellas, nunca lo estará, como para no seguir de cerca las pruebas que se realicen.

En esa condición, me encontraba yo.

Desde mi intervención y debut en aquel premio standard  organizado por el Círculo Automovilístico en 1927 sobre la distancia Buenos Aires – Mar del Plata y en la cual me clasifiqué séptimo, nunca mas había competido.

No obstante, seguía corriendo carreras imaginarias y cada vez que vi anunciado un certamen, me ubique, mentalmente, en la lista de los competidores y me mezclé con ellos a lo largo de las rutas recorridas con la imaginación (…)

Por eso, cuando acertó a pasar Pedro Malgor por Zapala, pueblo en donde estoy radicado, el sentimiento aquél recobró vigor, el fuego sintió la ráfaga que lo avivaba, y desde ese momento, ya no pude pensar en otra cosa que en mi intervención en el Gran Premio Internacional, pero intervención positiva (…)

Era preciso hacer números. Comencé a escribir cartas a aquellos clientes morosos que nunca faltan. Tenía necesidad de dinero para la empresa, y eso significaba un obstáculo muy grande, el mas grande de cuantos encontré.

Fue preciso recorrer a  buenos amigos; La Sociedad de Propietarios de Camiones de Zapala apoyó la iniciativa; vendí mi coche de trabajo, mi acompañante Palmero tuvo que ir al banco a retirar un dinerito suyo, y, al final reunimos los pesos necesarios para adquirir el coche y financiar la competencia. Esto, dicho en pocas palabras, no alcanzará a explicar todas las zozobras sufridas. Por momentos pareció que era imposible correr. Mi negocio de venta de automóviles, radios, etc., tiene en sus libros unos cuantos renglones de cuentas incobrables. Recorrí a ellas, pero poco vino de ese lado. Sin embargo, al final, el dinero estuvo reunido, pero sabe Dios después de cuántas noches de insomnio en las cuales se entreveraban números, caminos, coches… (…)

Mi propósito era el de tener en Zapala el coche con el cuál iría a competir y con él dar una media vuelta a la ruta yendo para Temuco, de allí a Santiago y llegar a Buenos Aires. No fue posible por infinidad de razones cuyo detalle ahorro.

Con mi acompañante vinimos a la Capital Federal y compramos el Plymouth. Pensé en adquirir algunos repuestos que podrían ser útiles, mas el dinero no alcanzó para tanto. Ni siquiera conseguí preparar el coche como yo quería. Conocedor de los caminos del Sur, me constaba que era de suma utilidad blindar el chasis de manera que el cárter, la batería y los tanques tuvieran su defensa contra las piedras. Este detalle importante no estuvo previsto en mi Plymouth por cuestiones financieras y por falta material de tiempo para la realización de esos trabajos (…)

Sólo le pude colocar tanques adicionales de nafta y agua, los que fueron colocados en la parte trasera del coche. Para el agua, adquirí un viejo radiador al que le apliqué la conexión hacia el refrigerante del cual viene provisto el chasis, y elegí un radiador, porque me hacía las veces de tanque y porque, en caso de que llegara a chocar, siempre me quedaría de repuesto para reemplazar el que pudiera romperse.

Excuso decirles a ustedes, que todo eso fue adquirido en uno de esos “cementerios” de la calle Warnes. Allí mismo aplicamos los tanques, sacamos los guardabarros, fabricamos esos chiquitos que llevamos y salimos a dar unas vueltitas para ir ablandando el motor.

A 40 por hora íbamos hasta San Fernando y regresábamos.

Una vez fuimos hasta Arrecifes y nos perdimos, porque yo, tengo que decirlo, no conocía en absoluto el camino de Buenos Aires hasta Temuco yendo por el norte; y de Temuco a Zapala había pasado una vez hacía cinco años (…)

Con 1079 kilómetros de ablandamiento iniciamos la carrera. En vísperas de ella estuvimos trabajando. Fui a comprar las cadenas a Fiore, Paniza y Torrá, y arreglé otros pequeños detalles. Recién nos dispusimos a dormir cuando serían las nueve de la noche. Por no dejar el coche en un garage, cosa que llamaría la atención de los choferes y no faltaría quien toqueteara en él, lo dejamos en la puerta del “Hotel Comercio”, el que está ubicado junto a la comisaría que existe en la calle Lima, frente a Constitución.

Al ratito cayó un vigilante y nos dijo que hiciéramos el favor de poner el auto dentro de la comisaría porque el público se aglomeraba e interrumpía el tránsito. Lo hice. Así que las dos últimas horas que estuvo el Plymouth en Buenos Aires, fue en calidad de “preso” (…)

Salimos del interior de la comisaría luego de recibir una serie de buenos augurios y aparecimos en Palermo, lugar en donde ví reunida una cantidad tal de personas como nunca en mi vida la había visto (…)

Imagínense ustedes la situación nuestra. Sin dormir casi, en medio de aquella batahola, y pensando en que, de irnos mal, las finanzas nuestras quedarían seriamente resentidas y se necesitaría un tiempo largo de trabajo para retornar a la normalidad económica (…)

Nicolás Lucas Barón.

¿Qué les pareció esta primera entrega? Cuánto sacrificio ¿verdad?

Por suerte estamos todos, detrás de un ideal hermoso, que es el de hacer todo lo que esté a nuestro alcance, para lograr que el olvido, nunca le pueda ganar la pulseada, a la rica historia de nuestro automovilismo deportivo.

Las dos imágenes que acompañan a esta primera entrega, nos muestran a Arturo Kruuse, posando junto a su Plymouth ganador de aquél Gran Premio, y un hermoso retrato, que aparece originalmente, junto a la nota que estamos disfrutando.krusse arturo krusse arturo 1

Los espero para disfrutar juntos de la próxima y última entrega de esta nota, en nuestro clásico sitio de encuentro; la página web del petitmuseo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich.

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EL INOLVIDABLE CARLOS SATUSZEK (QUINTA Y ÚLTIMA ENTREGA)

1933 y 1934, son años de escasa participación para Carlos en las carreras.

Viaja a Europa, para interiorizarse de los nuevos adelantos en materia de automovilismo deportivo, y queda con la boca abierta, al ver la eficiencia de los equipos en los boxes.

Una vez de vuelta, reúne a los suyos mientras exclama entusiasmado:

“Están llenando el tanque de combustible y cambiando las dos ruedas traseras en menos de un minuto, siendo lentos”.

Todavía, en nuestros circuitos, la pachorra y la mala organización, eran moneda corriente, no se tenía en mente, como lo es hoy día, que el equipo encargado del reabastecimiento, es tan importante para ganar, como la pericia del piloto, o el rendimiento de la máquina.

Y en los caminos ni hablar, si un “as” se detenía en una estación de servicio a la vera del camino, era más factible que perdiese más tiempo esquivando a los cholulos, que comenzaban a rodear al coche, que cargando combustible, por ejemplo.

Otra cosa que impactó a Carlos, fue el rendimiento en carrera, de algunos inventos de tracción delantera. Ya en su taller, y con un automóvil de ese tipo, que había entrado para reparar, Carlos y los muchachos comenzaron a observarlo y a debatir largo y tendido sobre este asunto.

El propio Carlos recordaba : “Entonces empezamos a realizar dibujos en la pared del taller, probamos en adaptar el sistema al Mercedes, discutíamos mucho, y volvíamos a probar más”.

La idea, era realizar un tren delantero con trocha más ancha que el trasero, para asegurar la estabilidad a altas velocidades; sin embargo, hasta ahora, no obtuve nunca una fotografía del “ómnibus” con ese tipo de tracción experimental, ni tampoco pude recolectar datos acerca de alguna carrera en la cuál, Carlos hubiese participado con este sistema de tracción. Pero quien sabe….¿Será cuestión de seguir buscando, no les parece?

El Gran Premio Nacional de 1933, dejó sus esperanzas de una nueva conquista, empantanadas en el barro pegajoso de aquél nuevo recorrido a cubrir, uniendo ida y vuelta a la localidad de Florencio Varela, con la ciudad de Bahía Blanca, y vuelta a Varela, para terminar allí aquélla edición.

Morón, la antigua ruta a Córdoba, y aquella época en la cuál había que lidiar más con el camino que con otra cosa, llegaba a su fin.

Los caminos de entrada y salida al sector oeste de la provincia de Buenos Aires, eran un completo desastre, Ya en las ediciones anteriores de 1931 y 1932,se debió largar desde Luján y llegar hasta allí para terminar, porque los caminos de salida desde Morón, ya eran poco menos que intransitables para un coche de carreras.

La nueva consigna, comenzó a ser “descubrir nuevas rutas, alargar la provincia”, hasta que Domingo Bucci fallece en marzo de 1933 en Arrecifes, y todas esas nuevas ideas, quedan sin efecto debido a la prohibición de realizar carreras de velocidad en la provincia de Buenos Aires.

La edición de 1934, lo encuentra fuera de la grilla de partida, sin embargo, el ganador, Emilio Karstulovic Bonaci, hizo suya aquélla atípica edición, corrida entre las ciudades de Rosario, Resistencia, y de vuelta a Rosario, debido a la nombrada prohibición, que recién desaparecería en 1937.

Aquél Gran Premio de 1933, sería el último corrido por Carlos, En 1935, sería de aspecto internacional, y los “racers” como los de él, quedaban fuera de competencia por reglamento. Es por esa razón, que Carlos solo se dedica a correr en los circuitos, de ahora en más.

En 1934, viaja con su equipo a Brasil, a concursar en el Gran Premio del circuito de Gavéa, en Río de Janeiro.

La concurrencia de pilotos argentinos, o residentes en nuestro país, fue numerosa, pero muy flaca en rendimiento, y Carlos, clasificó entre el pelotón del montón, algo impensado en un piloto como él,

El circuíto era un ovillo enredado de tantas curvas, y el “ómnibus” sufrió de lo lindo en aquél trabado circuito callejero.

La reapertura del circuito de Rafaela, debido a la feroz crisis económica que golpeó al mundo entero, apenas nacidos los años 30’, vio en su edición de 1935 a Carlos, ganador por primera vez, un logro que le faltaba adjudicarse.

Y en 1937, tendría la satisfacción de volver a ver la bandera a cuadros en el primer lugar, adjudicándose una vuelta en entrenamientos, de más de 190 kms/h.

Carlos comienza a viajar por todos lados donde se realice una carrera medianamente importante, y por donde va, deja huellas, peleando entre los primeros, como en el circuito ciudad de Santa Fé, o ganando para sorpresa de muchos, en circuitos “chicos!, como en las 200 millas de Tucumán, o en Paraná, en Lavallol, en Olavarría, en San Francisco… ¡ Y de nuevo en Rafaela !.

Nada parece detenerlo, es el piloto a vencer, junto con Ernesto Hilario Blanco, y un muchacho con muchas ganas de correr, que ostenta la máquina más veloz de Argentina. Ese muchacho es Carlos Arzani, y su A.L.F.A. Romeo cada vez, es más difícil de aguantar en carrera…

Falta pocos meses para que se vaya 1937. Carlos convenció a su hermano menor, Miguel, de venir a la Argentina, y de su mano, las carreras, comienzan a seducir a Miguel.

Carlos lo prepara con todo el amor de un hermano mayor, que debido a los avatares de la vida, a veces cumple un poco el rol de padre con Miguel,

Comienza a correr, como acompañante de su hermano mayor, y llega la carrera de Casilda, en la provincia de Santa Fe.

Algo especial, ha estado poniendo a Carlos pensativo, algo que hacía años no le sucedía. Una mujer se cruza en su vida, lo seduce, la atracción es mutua, pero aquella mujer, lleva consigo un estigma, que hasta hoy día es muy difícil de aceptar, en una sociedad como la nuestra. Aquella mujer, ha dejado a sus hijos para estar al lado de Carlos…

Una actitud como esa, no puede pasar desapercibida por nadie de su entorno, y menos de su fiel amigo Juan Maczak..

-         Vos, ¿que opinas?

-         ¿Querés que te diga lo que pienso, o querés que te diga, lo que querés escuchar?

-         ………

-         Mira Carlos, te lo digo de corazón, para mi no es una buena mujer, la que deja a sus hijos, para estar junto a otro hombre…

Surge la idea entre los enamorados de contraer matrimonio. Carlos es viudo, y la ley lo autoriza. Desea volver a creer, en una nueva relación, en el amor, en disfrutar plenamente una segunda oportunidad de ser feliz junto a una mujer.

La vida parece entregarle esa oportunidad, aunque todavía no sabe a que precio.

En esos pensamientos esta su cabeza, cuando después de unas pasadas fuertes al circuito de Casilda, están yendo hacia el sector de los boxes, casi a “vuelta de rueda” para el “ómnibus”.

Miguel recordará que el velocímetro del Mercedes-Benz, no supera los 70 kms/h, y que jamás hubiese pensado tener que contestarle semejante pregunta a su hermano mayor…

Miguel, recién esta redescubriendo a su hermano, primero la guerra, y después el exilio han borrado muchos recuerdos de su relación. Miguel lo ve a Carlos, casi como a un padre, a falta de tenerlo desde muy pequeño.

-         ¿Me caso? ¿Qué te parece?

-         Yo no se Carlos, yo… yo no se….

La conversación se ve interrumpida de manera violenta por un brutal volantazo de Carlos. Confiado en ir tan despacio, Carlos no presta atención en la recta que se termina, y la fuerte doblada se empeora al llegar las ruedas al borde de la cuneta, porque el Mercedes, al ponerse de costado, del lado izquierdo, le entrega los perfiles de sus cubiertas al borde de la misma, y este, vuelca aparatosamente.

Revolcones como este, Carlos sufrió miles, en las épocas de andar esquivando los proyectiles enemigos…

Pero un poste de alambrado da de lleno en la cabeza de Carlos, dejandolo dormido para siempre.

Nunca había volcado, y debió de ser esta jugada, capricho del destino, quien le arrebatara la vida misma…

“Lo que no pudo la guerra, lo pudo el automovilismo”, le dijo a su hijo Carlos, recién nacido. Y fue justamente esa premonitoria frase, la que vuelve a repetirse nuevamente en la vida de Carlos…

Hubo que comenzar el velatorio dentro del hospital, porque la cantidad de gente que ingresaba por la fuerza para poder verlo por última vez, en la sala de la morgue, era incontenible…

Miguel sacará pecho, al igual que lo hiciera en vida Carlos, y seguirá corriendo con el Mercedes. Otro piloto, Miguel Martinez, será quien lo corra, mientras miguel, seguirá en el asiento de al lado.

Meses después de Casilda, un horroroso accidente en el circuito de Tres Arroyos, se lleva la vida de los dos corredores, y es entonces, que un tal Juan Maczak, muerto en vida de tanto dolor, decide vender el motor de repuesto de Carlos, y entierra los restos del “ómnibus” bajo un gran gomero, plantado por Carlos al momento de tomar posesión de aquella quinta en la localidad de Cañuelas…

“Nos cobijará a todos”, fueron las palabras de Carlos, al terminar de plantarlo…sin imaginar jamás, que será aquél amasijo de fierros quien iba a cobijarlos y para siempre, tarde o temprano…

Nicolás Lucas Barón.

Esta ha de se, sin lugar a dudas,  una de las más fuertes que me ha tocado contarles a ustedes, amigos lectores…

Elegí estas tres imágenes para cerrar la nota. La primera lo muestra a Carlos junto a Villa, uno de sus últimos corredores antes de que Miguel lo acompañase.

La segunda imagen lo muestra a Carlos Satuszek Junior, presente al momento de ser inagurado el monumento que aún perdura, en medio de los campos de la localidad de Casilda.

Y la tercera imagen, nos muestra a Carlos, como pienso que debemos de recordarlo siempre, con su tosca sonrisa, pero tan sincera como siempre.SATUZTECK 11 SATUZTECK 10 SATUZTECK 9

Los espero a todos ustedes en la página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Omar Roglich, para seguir disfrutando de nuestra rica historia automovilística.

¡ Hasta la próxima nota !

 

 

 

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EL INOLVIDABLE CARLOS SATUSZEK –cuarta entrega-

Ya con Julio Brendt debajo del ómnibus, casi de inmediato, Juan Maczak ocupa su lugar, y se desata una ola de victorias difícil de imaginar, tan solo meses atrás.

La primera de las contiendas que marca el almanaque de la década de los años 30’, es ni mas ni menos, que el Gran Premio Nacional, y Carlos Satuszek es uno de los protagonistas de aquélla carrera.

Arrancaba 1930, y se largaba la carrera de automóviles más importante de toda Sudamérica.

La carrera la ganó el popular “Tuñin”, uno de los famosos “tres mosqueteros”, el gran Antonio Gaudino, conduciendo un imponente Chrysler serie “77” con motor de 8 cilindros en línea.

El mismo Gaudino, contaba lo dramático que había resultado el duelo “mano a mano” con Carlos y el ómnibus.

“ Nos trenzamos en medio de la inmensidad, mano a mano, mi Chrysler tenía mayor velocidad final, pero eso no lo iba a frenar a Zatuszek.

Al llegar a Pergamino lo tenía delante mio, doblamos para San Nicolás, y ahí comenzó el duelo. Zatuszek me sacó como un kilómetro y medio de ventaja.(…)

Pero al llegar a Arroyo Seco, me le puse a la par, me le colé en su nube de tierra y empecé a ponerle la trompa, cuando lo tuve a la par, empecé a apretar el embrague, porque me quedaba resto, y le aceleraba en vacío.(…)

Lo mejor que pude hacer fue “torearlo”, amagando todo el tiempo a pasarlo, entonces, él accionaba ”el chancho” y entonces si, me sacaba unos 40, 50 metros, que yo volvía a recuperar al rato.

Yo podía pasarlo, pero la idea, era que el mismo, de tanto darle al chancho, terminara por romper el motor.

Tanto forzarlo al chancho, que el motor del Mercedes llegó a Córdoba con dos bielas fundidas”(…).

“El chancho”, era el apodo con el que se conocñúa al compresor Roots que traía de fábrica el Mercedes-Benz de Carlos, ya que al accionarlo en plena carrera, su sonido se asemejaba al grito de un chancho.

La astucia siempre estuvo a la orden del día, y Zatuszek detrás del volante, pecaba de esa furia que era difícil de controlar, como la padeciera a su manera, también Raúl Riganti, en ese “Salir a la punta y ganar, o quedar en el camino, no sin antes hacer “el desparramo”.

La cuota de color, la puso el acompañante de Carlos, un italianito casi recién bajado del barco, quien contaba a la prensa, que después de largar la etapa de vuelta desde Córdoba…

“Yo dice a Calo “Calo, cambiemo abrazadera que elástico se va romper… ¡Calo! y Calo nada, y en Pergamino ¡Pum! Elástico roto. ¡Todo cabeza dura de Calo! ¡Ganó Tuñín! ”

Pero la victoria en el gran premio estaba al caer para Carlos, las grandes distancias, y la velocidad elevada del Mercedes, eran el combo ideal para llevarse la victoria.

Y esta no tardó en llegar, porque el Gran Premio de 1931, se lo llevó con toda justicia, ya con la ayuda de Juan Maczak como acompañante.

Gran cena de honor al ganador, organizada por el Automóvil Club Argentino, con la presencia de todos los participantes, que no pararon de aplaudir de pié, la entrada de la pareja ganadora,  Y Carlos, enfundado en un fino traje de noche, color azul oscuro, no podía dejar de sonrojarse por semejante recibimiento.

Atrás quedaban los negros días en la devastada Polonia, los tiempos de esconder el pedazo de pan sobrante, en la mesa del comedor de aquél hotel de inmigrantes, que a todos supo cobijar, sin preguntas de ningún tipo, las jornadas dedicadas a la búsqueda de empleo, las noches de frío, con el abrigo de los diarios, los primeros éxitos, el hacerse un lugar en un medio tan competitivo, como siempre fue nuestro automovilismo… Todo esto y más, pasaba por la mente emocionada de Carlos…

Con 34 años, una carrera en franco ascenso, trabajo asegurado, ahorros que dan tranquilidad al futuro por venir, nuevos amigos en su vida. ¿Se podría pedir algo más?

Ahora incluso, afloraba el amor, Carlos y la hermana de Juan, contraen enlace, y ya nada parece amenazar el sueño de una vida plena, solo faltaría la llegada de un retoño, pero igualmente, la alegría es inmensa. ¡Vaya si lo es!

El Gran Premio Nacional de 1932, esta a punto de largarse. Ya en la edición anterior, se larga desde Luján, porque los caminos de las afueras de Morón, son un completo desastre, años de suplicas a las autoridades de la municipalidad, de parte de la dirección del A.C.A. de nada sirven, y se decide cortar por lo sano. Luján, será desde entonces, el punto de largada y arribo del Gran Premio.

Pero un manto negro vuelve a cubrir la vida de Carlos. El hijo tan deseado por ambos, ha llegado, pero trae la muerte consigo.

En una dificilísima sesión de parto, la madre pierde la vida, quedando Carlitos, solo amparado, por los brazos de su padre en este mundo.

Es así, que como profesional que era, Carlos se presenta en la línea de partida, con el brazalete negro, correspondiente al estado de Carlos.

La carrera es a brazo partido con otro gran amigo que el automovilismo supo ofrecerle,  su nombre es Ernesto Hilario Blanco, se conocen desde hace rato, y en gran medida, Carlos sabe que Gracias a Ernesto, en las pistas, Carlos es lo que es, un piloto consagrado, y el gran Ernesto, primero que nadie, lo supo descubrir.

Llegan a Córdoba, uno pegado al polvo que levanta el otro. Tan solo un par de minutos en el tiempo empleado por ambos los separan. Carlos marcha primero en la general, detrás va Ernesto, después de darse una buena ducha y almorzar, se juntan a leer las noticias de los diarios, que comentan en primera plana, todos los entretelones de la largada de la primera etapa Buenos Aires-Córdoba.

Apenas está comenzando a amanecer, la noche de descanso ha pasado ya, y Carlos, se dirige del hotel al punto de largada, debe apurarse, sale en el primer lugar, y debe de adelantarse a la marea humana que en poco tiempo más, va a comenzar a colmar todas las calles y caminos adyacentes al punto de largada, los carros, los coches… El acontecimiento social que despertaba cada edición del Gran Premio era difícil de equiparar con otro momento del año, en que se reuniese tanta gente.

Y otra vez aparee la desgracia, en medio del amanecer, con un cielo todavía negro, avanza Carlos con el ómnibus. Reconocemos que no va “a vuelta de rueda”, y quizás sea por eso, que en un paso a nivel del ferrocarril, repentinamente se baja la barrera, y Carlos atina con buenos reflejos a agacharse, inclinando su cuerpo a la izquierda, pero lamentablemente, no tiene puestas sus antiparras, y la barrera arranca violentamente al símbolo de la famosa estrella del Mercedes-Benz, ubicada sobre el tapón del radiador, dando esta, de lleno en su ojo derecho.

La sangre fluye mientras el ojo en compota queda tan inflamado, que le es imposible abrirlo, y naturalmente, debe de ser hospitalizado.

Ernesto Hilario Blanco ganará aquél Gran Premio de 1932, y apenas traspase la línea de llegada, se aprontará a viajar en tren hasta Córdoba, para estar junto a su amigo herido. La cena de honor al ganador, pactada para esa noche, deberá suspenderse hasta que Blanco y Zatuszek regresen. La amistad esta primero…

Cuando a Carlitos, los doctores resuelven darle de alta, está en la sala de espera su padre, estrenando la viudez, y un ojo morado.

El bebé todavía muestra las marcas en la cabeza, de las pinzas extractoras. Carlos lo sostiene entre sus brazos, mientras le dice:

“Tanto vos como yo, estamos marcados.(…) A mi, lo que no pudo la guerra, lo logró el automovilismo, y a vos, te marcaron los fierros, que te salvaron la vida”.

Nicolás Lucas Barón.

Un nuevo renacer se impone en la vida de Carlos Satuszek, y al igual que tantas dificultades vencidas, este escollo, también logrará saltarlo.

Espero que estén disfrutando de esta historia tan emocionante, como yo lo estoy haciendo, mientras escribo para ustedes…

Las imágenes que acompañan esta cuarta entrega, nos muestran a Carlos Zatuszek y a Julio Brendt, junto a Domingo Bucci, a punto de disputarse las 500 millas de Rafaela.

Después vemos la primera tapa de El Gráfico, que Carlos logra alcanzar, al ganar el gran premio del circuito cordobés de La Tablada, en 1929.

Y la tercera imagen, nos muestra a la tapa de “El Gráfico”, en la cuál lo vemos a Carlos como Vencedor en el Gran Premio Nacional de 1931. SATUZTECK 6

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Los espero a todos ustedes, para disfrutar juntos de la próxima y última entrega, en nuestro lugar de encuentro. La página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Edgardo Omar Roglich.

¡Hasta la próxima entrega!

 

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EL INOLVIDABLE CARLOS SATUSZEK – TERCERA PARTE -

Los Dioses de la velocidad abrazan simultáneamente a Carlos y Juan. Al primero, le llega la propuesta de un señor que no tenía experiencia directa con las carreras, pero si tenía el dinero suficiente para poseer un Mercedes-Benz con carrocería sport, y mucha confianza, en que de la mano de un buen mecánico, y haciendo las reformas necesarias, se podía pelear mano a mano con los “ases” del momento. La paga por los premios al llegar en las mas altas posiciones, eran muy generosas, y con un poco de suerte, se podría ganar buen dinero…

Ese hombre, mezcla de empresario, soñador, y visionario, se llamó Julio Brendt, y fue quien sirvió de acompañante en los primeros tiempos de entreveros en nuestras rutas de tierra, que protagonizara aquél extraño monstruo apodado “El Ómnibus”, en clara relación con su desmesurado peso y tamaño, al ser comparado, con los primeros camiones adaptados con asientos y nuevas carrocerías, que realizaban viajes de media y larga distancia por nuestros primitivos caminos…

Por su parte, Juan consigue hacerse de una linda suma de dinero, al compartir con Ernesto Hilario Blanco algunas victorias como acompañante, y gracias a la buena costumbre del ahorro, logra hacer venir a su familia desde la sufrida Polonia…

Este gesto de amor de Juan, cambiará la vida de Carlos, quien conocerá a la mujer con quien contraerá matrimonio; estamos hablando de la hermana de Maczak, quien llenará de luz, la vida de Zatuszek al darle un hijo, el único descendiente de Carlos…

Puestos nuestros dos amigos, a trabajar en el Mercedes, serruchan la parte trasera de la carrocería del mismo, eliminando el baúl, la capota, ambos paragolpes, los estribos, sus cuatro guardabarros, los enormes faroles, el parabrisas, las puertas…

Quedaba tanto espacio atrás, que se podían acomodar las enormes ruedas completamente acostadas, y seguía sobrando espacio, así que colocaron un buen cajón para las herramientas, sin la necesidad de colocar el clásico tanque de nafta sobre el chasis, ya que el original era tan grande, que aún en carrera seguía siendo efectivo, a la altura de donde terminaba la salida del múltiple de escape, sobresalían las famosas tres tomas dobles, forradas en aluminio, que impresionaban de solo verlo, y como cereza del postre, le dejaron dos pequeños farolitos, ubicados cada uno, a ambos lados de la máscara del enorme radiador a la altura baja del mismo. Lo de los farolitos, tenía una explicación lógica, ya que al trasladarlo, debían de hacerlo rodándolo, evitándose así, la confección de más de una multa…

Y así quedaron por un buen tiempo los simpáticos farolitos, que de seguro poco y nada alumbrarían, pero al menos, servían para cumplir con la ley, pasando a ser uno de sus rasgos principales al verlo pasar; el tamaño, el sonido del motor, y los farolitos…

El motor no se tocó, por el momento, no hacía falta. Tan solo una repasada para chequear que todo estaba bien, ¡y a fajarlo!

El debut no pudo ser mejor, se larga la carrera “Gran Premio Otoño” de 1928, que se corría en aquél famoso circuito de Morón, las mejores máquinas y los pilotos más famosos se dan cita en aquella prestigiosa competencia, y entre ellos, sobresale el mastodonte, largan, se inicia la lucha, las palabras sobran, solo cuenta la velocidad, la pericia al volante, la sangre fría, el coraje,,, Y de semejante duelo entre los mas grandes gladiadores del camino, Carlos Zatuszek, aquél perfecto desconocido, es quien arriba en un excelente tercer puesto…

La mayoría del público allí presente, le cuesta entender lo que está viendo… ¿Quién es el guapo ese, que aflora arriba de semejante catafalco?

Porque para llegar tercero, mira que hay que ser guapo corriendo con “eso”, ¡ mamita !

Las ampollas en los dedos y manos de Carlos, no podías borrar su sonrisa de satisfacción por la carrera realizada, la prensa rápidamente se le fue al humo, todos querían saber quien era aquél piloto desconocido, que sin lugar a dudas, habría venido desde lejos, ya que su tonada al hablar, lo delataba….

Y fue así, que Carlos comenzó a integrarse tímidamente, en ese increíble mundo de motores, caminos, sacrificio, gloria y muerte al volante…

Llegan las carreras más importantes del interior del país, y Carlos y Julio se presentan en todas las que pueden, La Tablada, Rafaela, y “Los ases”, de a poco, lo van reconociendo…

En la salida del gran premio de 1929, Carlos espera paciente en el auto, a que los organizadores le vayan indicando su lugar de colocación para salir, faltan un par de minutos para la largada, y los pilotos irán saliendo de a uno…

En una de esas, se le acerca Raúl Riganti, y le dice guiñándole un ojo:

“ ¿Y amigo, llegaremos a Luján ?…

Zatuszek cree estar soñando, una gloria del manubrio y del volante como Raúl Riganti, no solo le está hablando, sino que incluso bromea con él…

Y así, como por arte de magia, nace una relación  de amistad que lo acompañaría hasta el final de sus días…

En los instantes previos a la largada de las 500 millas de Rafaela de 1928, se acerca un maestro del volante, como Domingo Bucci, a ver de cerca a semejante armatoste sobre ruedas. Tanto Julio como Carlos lo miran y se quedan sin palabras ante el aura del “as”. A pesar de su diminuto porte, el impoluto mameluco blanco que lleva calzado el Mingo, deja mugrienta a la más hermosa de las nubes…

Bucci sonríe, y les propone a los dos novatos:

Muchachos, ¿nos sacamos una foto?

Y la foto inmortalizada, refleja el nacimiento de otra amistad, que esta vez, se verá trunca con la partida del Mingo…

Nicolás Lucas Barón.

Se vienen hermosos días de gloria, tanto para Carlos, como para su amigo Juan, quien no deja de supervisar la mecánica del “ómnibus”. Y juntos, ustedes y yo, vamos a revivir esos momentos a partir de la próxima entrega.

Las imágenes que ilustran esta tercera entrega, nos muestra un retrato de Carlos Zatuszek y Julio Brendt, el dueño del Mercedes-Benz (con bigotes)  en plena carrera.

En la segunda imagen,  nos muestra al Mercedes-Benz, a punto de largar el Premio Otoño

la tercera imagen   lo vemos a Carlos sonriendo mientras escucha el ronroneo del motor del “ómnibus”, mientras Julio Brendt, lo mira atentamente…, y la cuárta y última, muestra un retrato de Carlos Zatuszek y Julio Brendt, el dueño del Mercedes-Benz (con bigotes)  en plena carrera.

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Los espero a todos ustedes, a encontrarnos nuevamente para disfrutar juntos la próxima entrega, en nuestro clásico lugar de encuentro: La página web del petit museo y conservatorio de vehículos ancianos de Edgardo Omar Roglich.

 

 

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